viernes, 4 de agosto de 2017

Dunkerque

Dunkerque (Dunkirk).  2017.  Director: Christopher Nolan.  Reparto: Mark Rylance (Mr. Dawson); Tom Hardy (Farrier) y Kenneth Branagh (Comandante Bolton)


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Si hay un momento histórico que capte mi atención un poco más que los demás, aparte del Renacimiento, es todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial, fuente inagotable de historias que casi que se podrían convertir en un género propio en el cine, por cuanto años tras año, somos testigos de las diferentes obras que llegan a las carteleras, siendo en su mayoría de una riqueza especial, aunque, dada la abrumadora cantidad de cintas sobre el tema, en alguna oportunidad terminan por saturar al espectador, viendo una y otra vez la historia múltiples veces narrada, solo cambiando de óptica, desde el punto de vista militar, el de las víctimas, el político y hasta el deportivo, pero siempre teniendo como eje, la figura del Tercer Reich, sus atrocidades, la deshumanización del conflicto e incontables anécdotas heroicas, que terminan convirtiéndose en documentos necesarios para no olvidar y no repetir una de las mayores atrocidades de la humanidad.

Dada la naturaleza del cine como vehículo para contar historias, los guiones se enfilan bajo el protagonismo de héroes o villanos, sobre quienes gira el argumento, aduciendo a ficticias conversaciones, o reales, dependiendo del ángulo en el que se quiera contar la historia, pero que finalmente arrojan productos muy similares, salvo varias excepciones, que gracias a su apego con los hechos, terminan siendo memoria histórica de la sociedad, contemplando incautos el eterno conflicto entre el bien y el mal, encarnado por lo general en un enemigo común, el Führer, quien es el fiel reflejo de lo que se concibe como perverso, sin desconocer que aún su figura es objeto de veneración en algunos reductos sociales.

Surgen en la historia los personajes de siempre, los líderes malignos, los benignos, los héroes en armas, los héroes civiles, el dolor, la desesperanza, hasta contextos más explícitos, que resultan en manifestaciones directas al régimen de turno, que si bien reciben el beneplácito del celuloide y de algunos críticos, resultan descontextualizadas al examen histórico, arrebatándole un poco de su esencia y ubicándolos más en un plano de ficción ante un suceso real, situación que si bien resulta bastante aceptable, termina siendo una apuesta segura para el realizador, quien en aras de no arriesgar, termina pareciéndose a todo lo demás.


Pero, si bien la elaboración de estas reseñas con las que los he acompañado hace un tiempo, se estructuran a partir de elementos literarios, histriónicos y musicales, cuando es el caso, quise en esta ocasión, valerme de elementos históricos, para determinar la riqueza de la cinta que en esta ocasión traigo a colación, que además de tratarse de un acontecimiento de alta importancia para la humanidad, resultaba extraño que pasara desapercibido para el séptimo arte, más aún cuando hemos podido apreciar eventos tan relevantes como el desembarco en Normandía, el ajusticiamiento de gran parte del régimen a través de mecanismos jurídicos, o hasta la crueldad de los campos de concentración, pero muchos quedábamos con el sabor agridulce por no poder apreciar en la gran pantalla El Milagro de Dunquerke, el gran caso de colaboración civil – militar, que obtuvo como premio, la vida de cerca de 400.000 miembros de los ejércitos ingleses y franceses, cuya salvación resultaba casi imposible, más aún cuando sobre esta zona de la Costa Francesa, se apostaba uno de los más feroces ataques nazis, en busca de invadir Francia y adelantar su proceso expansivo a través de toda Europa.

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Corría el mes de mayo de 1940, después de una seguidilla de derrotas en busca de detener la avanzada Nazi sobre el país galo, los ejércitos británico y francés se repliegan, llegando a la bahía de Dunkerque.  Atrapados en ese punto geográfico, acorralados por aviones caza alemanes que salvajemente desplegaban toda su artillería en puntos clave que servían de plan de evacuación para los soldados allí apostados, despojándolos poco a poco de toda esperanza, haciéndolos testigos de la desolación que el paisaje de buques hundidos por las impresionantes ráfagas de fuego o las voraces bombas, iba quedando en el mar, sin tener más opción que esperar la muerte o un milagro, siendo la primera opción la más acorde con la situación que en ese entonces estaban atravesando.

Desde tierra, mar y aire, se buscan formas para resolver esta situación, que fácilmente se convertiría entre dar el paso para resistir el impetuoso ataque de las fuerzas a cargo de Führer, o permitir la invasión, constituyendo así un triunfo para los intereses expansionistas, y una estruendosa derrota, cuya cara más visible se observaba fuera de la plataforma continental europea, siendo el Reino Unido, el principal bastión de resistencia a un plan a todas luces mortífero para todo el que habitara en eso lares del planeta.

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Siendo un hecho histórico y de amplio conocimiento, no es mucho lo que pueda expandirme en la sinopsis de esta película, lo cual a su vez, se constituye en su mayor fortaleza, pues el director da plena libertad al espectador para tomar una posición frente a los hechos que se llevan a cabo frente a sus ojos, con una narrativa que se aborda desde lo visual, casi llegando a los límites del documental, dada su naturalidad y apego a la realidad, apego ya corroborado con creces por un amplio grupo de historiadores, quienes ante estos documentos históricos, suelen sentar su voz de rechazo dadas las libertades del equipo de producción ante obras de este corte, pero que en esta ocasión, han enarbolado sus palmas, llegando a concluir casi con unanimidad, que Christopher Nolan ha llevado a la gran pantalla, una de las mejores películas bélicas de todos los tiempos.

Debo decir que la recomendación del director, para apreciar esta cinta en salas IMAX, no es una idea al azar, puesto que, al ser el formato utilizado para filmar esta película, se denota el interés por hacer lo más real posible la experiencia del espectador, dado su formato que lo aborda por completo, la angustia, los miedos y todos los sentimientos que afloraban en medio de las imágenes desesperantes puestas en escena, imprimen esos mismos sentimientos en las salas, multiplicando la capacidad de asombro de los asistentes, y gracias a las características de sonido, se puede llegar a observa a algunos esquivando balas, que por esas especiales características, se sienten rozando las cabezas de quienes se dan la oportunidad de ver esta película en estos teatros.

La ausencia de diálogos extensos o capaces de desenredar la trama de esta cinta, es otro de los elementos que no dejó al azar Nolan en su proceso creativo, dándole la oportunidad a los hechos que se presencian, para que hablen por sí mismos, que impriman con contundencia la desolación de la situación que se está contemplando, que incluso, los momentos de alegría, sean experimentados por la audiencia como propios, exasperados por las pocas chances de sobrevivir, pero siendo testigos del milagro provocado por la participación civil de cientos de embarcaciones particulares, quienes atendiendo el llamado de la Corona, se embarcaron en una de sus travesías más difíciles, recorriendo cientos de kilómetros a través del canal de la mancha, hasta llegar al punto donde, cientos de soldados formados, aún guardaban con fe la opción de ser rescatados y que finalmente se dio, salvando a más de 300.000 de los cerca de 400.000 soldados, apostados en esta playa.

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Capítulo aparte merecen las tomas aéreas, aquellas que mostraban los ataques llevados a cabo entre los Spitfire británicos contra los cazas alemanes, cuyo objetivo, también debido a la prepotencia de Hitler, era acabar por aire, con ataques numerosos e indiscriminados a loas atrapados en Dunkerque, liberando a sus tropas por tierra para embarcarse en otras misiones, decisión que le costaría demasiado, al darle la posibilidad a la resistencia de recomponer su moral, y de poder encarar con mayor valor los capítulos finales de esta confrontación. 

Tom Hardy, a bordo de uno de los Spitfire, muestra toda su versatilidad, gracias a un elemento que el mismo Nolan ha confesado, y es el hecho de cubrir siempre el rostro de este actor, quien solo con sus expresiones, da a entender la complejidad del momento en que se encuentra en pantalla, complejidad que se multiplica con este director, quien sin recurrir a elementos digitales, ha construido a la mejor construcción de un ataque aéreo llevados al cine, con la velocidad de estas máquinas sobrevolando las aterrorizadas cabezas de los soldados y de los civiles a cargo del rescate, quienes, veían como ángeles a estos aviones que gracias a la pericia de sus pilotos, contribuyeron a la consecución del milagro, y en los espectadores, dieron la oportunidad de transportarse en medio de una misión casi suicida, donde el tiempo, las armas y el combustible, jugaban un papel determinante.

Muchos han señalado a Dunkerque como la obra máxima de Christopher Nolan, por encima de cintas como The Dark Knight o Memento, pero bajo mi consideración, podría decir que no es su mejor película, aun siendo una gran película bélica, género que siempre ha sido de mi atención, por cuanto su sello se ha imprimido a través del juego mental que la audiencia tiene que construir para interpretar los mensajes dados por el espectador, situación que se contempla en menor medida en Dunkerque, pero gracias a la puesta en escena, donde la experiencia absorbente, no le da paz a la audiencia, llenándola de angustia y deseos de salvación.


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“Hombres de mi edad declararon esta guerra. ¿Por qué se debería permitir que nuestros hijos la peleen?

Calificación: 8/10


P.D. Este ha sido un año maravilloso en materia de realizadores, ya después de ver a Nolan, espero con ansia lo nuevo de Kathryn Bigelow, laureada directora, quien llevará a las pantallas uno de los eventos más horribles de la historia americana con su cinta “Detroit”, sumándose muy pronto a directores como Guillermo del Toro, Dennis Villeneuve, Ridley Scott, Danny Boyle, entre otros, que han escogido este 2017 para mostrar sus nuevos trabajos.

viernes, 24 de febrero de 2017

Premios Oscar 2017: predicciones y otras disposiciones

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Con una antesala abiertamente política, en vista de la gran alzada en protesta contra el actual gobierno de los estados Unidos de América, en cabeza de la celebridad Donald Trump, alguien tan cercano al celuloide como los que ahora lo critican, el domingo 26 de febrero, se llevará a cabo la 89ª entrega de los Premios Oscar, usualmente esperados con gran ansias por mi parte, pero que en esta ocasión los siento irrelevantes y faltos de emoción, más allá de los discursos de aceptación, llenos de dardos en contra del actual mandatario estadounidense, pero que sinceramente, no reflejan a cabalidad la realidad cinematográfica de 2016, donde quedaron por fuera verdaderas joyas del séptimo arte, en un intento hipócrita por desmitificar aspectos racistas o de género, donde la cura resulta peor que la enfermedad, por cuanto, en respuesta de la tendencia #OscarsSoWhite, que para este año se convirtió en #OscarsSoMale, la Academia buscó posicionar varios trabajos realizados por miembros de la comunidad afroamericana, dando la impresión que busca más una redención por su tinte racista del años pasado, que reconocer en realidad la calidad de cintas, actores, actrices y demás, siendo unos premios sumamente condescendientes.

Ahora, entrando en materia, lanzaré mis predicciones para los premios de este domingo, aunque esta vez, quisiera dar un merecido reconocimiento a algunas olvidadas, que para el círculo cinéfilo, llegarán a tener más importancia que las mismas nominadas, que como en muchos casos, pasarán al anaquel del olvido.

MEJOR ACTOR DE REPARTO

Jeff Bridges arranca como favorito en este apartado, sin embargo, en aras de despojarse de su tinte predominantemente blanco, el reconocimiento recaerá sobre Mahershala Ali, quien en su rol de traficante con aspectos altruistas en Moonlight, podría llevar a su casa la codiciada estatuilla, opacando al Ranger Marcus Hamilton (Bridges), quien con su racismo, incomprensión y ánimo de nunca retirarse a pesar de las circunstancias, llama la atención de la crítica y hace a Bridges un asiduo invitado en estos premios.



MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

Esta categoría es de las llamadas a ser fijas en esta entrega, donde Viola Davis, interpretando a Rose Maxson en la cinta Fences, ha arrasado esta temporada con cuanto premio ha tenido al frente, convirtiéndola en una de las actrices afroamericana más importante de la historia del cine.



MEJOR PELÍCULA EN LENGUA NO INGLESA

Pese a que Toni Erdmann, se asomaba como la más segura ganadora en esta categoría, hasta que vino la decisión del Presidente Donald Trump de impedir la entrada a USA, de nacionales de siete países considerados peligrosos para los intereses de su país, entre ellos Irán, cuna del director Asghar Farhadi, quien se encuentra en carrera con su cinta “El cliente”, y que ya tuvo la oportunidad de alzar una estatuilla en 2012 con la maravillosa “Una separación”, situación que afectó sus intereses y que, a la vista del celuloide, lo posiciona como víctima de las atroces decisiones del nuevo presidente, y por lo tanto, en sentido de protesta, sin demeritar la calidad de la cinta, llamará en masa a los votantes de los premios a depositar sus votos por “El cliente”, buscando enviar un mensaje de rechazo a Washington, enalteciendo la difícil situación de los inmigrantes, aunque olvidando por completo que en el pasado, pudieron elevar la misma voz de protesta contra los inclementes ataques que elevaron a cifras escandalosas el número de desplazados en el mundo, en aras de la libertad y la democracia, eso sí, la versión del Tío Sam.


MEJOR PELÍCULA ANIMADA

Sin dudarlo, mi voto es por “Kubo y las dos cuerdas mágicas”.  Es una película hermosa, desde su montaje, su vestuario, su escenografía, su historia, que al parecer sería la opción perfecta para darle a los estudios Laika, el reconocimiento que vienen buscando con tanto ahínco, además, vale la pena recordar que esta cinta también puede ser galardonada en la categoría de mejores Efectos Visuales, dada la espectacularidad de su montaje, y dando un llamado definitivo a reconocer el Stop Motion como un arte preponderante, tal como ya lo hiciese la animación digital, que ya ha monopolizado esta categoría y que merece darse un descanso en pro de la calidad del cine animado.



MEJOR BANDA SONORA

Mi voto es por la banda sonora de “La llegada”, la cual, lastimosamente, no se encuentra entre las nominadas, dejando el campo arado para los intereses de la gran favorita del público y de Hollywood, La La Land, cuya riqueza musical no se niega, que hasta sería una merecida ganadora, pero que en pro de la justicia, ya sea esta como futura ganadora de la categoría, o las demás películas nominadas, debieron dar lugar a una banda sonora diferente, única, capaz de generar tantas emociones con situaciones tan básicas, pero que a la luz del argumento, tan complejas como el mismo uso de la palabra.


MEJOR CANCIÓN ORIGINAL

…Y la ganadora es… “Drive it like you stole it”, de la película Sing Street, otra de las increíblemente olvidadas de esta entrega, película que fácilmente debió poner alguna de sus canciones en esta categoría, pero que la Academia decidió prescindir, dando lugar a canciones como “Can´t stop the feeling” de la terriblemente mala “Trolls”, o a tener dos canciones de una misma película como son “City of stars” y “Audition (the fools who dream) de La La Land, que de por sí resulta redundante, pero, como se trata de elegir una ganadora, mi voto iría por “Audition”, por encima de “City of stars”, la cual me resulta bastante melosa y más un hit fácil de recordar, tan fácil como su argumento.


MEJOR GUIÓN ORIGINAL

De lejos, la mejor idea original, llevada a la gran pantalla, es la que nos trajo “Langosta”, una historia de amor de los tiempos modernos, apocalíptica, desesperada, llena de lugares reservados para las mentes más abiertas y capaces de crear universos en medio del absurdo, acompañada de interpretaciones que bien vale la pena reconocer, especialmente la de Colin Farrell, quien deslumbra con su rol lleno de un humor negro abrumador y un drama que acongoja hasta la médula.



MEJOR GUIÓN ADAPTADO

“La llegada”, puesta magistralmente en escena por Denis Villeneuve, da vida al libro “La historia de tu vida” de Ted Chiang, acompañada meticulosamente con cada detalle que el escritor quiso incluir en su historia, dejando el dilema existencial muy plasmado en los espectadores, quienes al final, solo osan expresar su asombro por lo que sus ojos acaban de ver.



MEJOR ACTOR

Un olvidado de esta categoría es Colin Farrell, de quien ya hice mención al tocar la categoría de Guion Original, sin embargo, dentro de los nominados está un actor que aparece poco, pero cuando lo hace, da de qué hablar.  Es el caso de Viggo Mortensen, quien en su interpretación en Capitán Fantástico, deja a más de un descrestado, con su empatía con un reparto maravilloso, una familia diferente pero que luce bastante real, siendo Viggo el eje de todos, de ahí la razón por la que este actor, fanático de San Lorenzo de Almagro, debe alzarse con la estatuilla en la categoría de Mejor Actor.



MEJOR ACTRIZ

Al no estar Amy Adams en competencia, especialmente por su papel en “La llegada”, pero también, fácilmente nominada por su interpretación en “Animales Nocturnos”, las miradas se dirigen a Isabelle Huppert, cuyo desgarrador papel en “Elle”, se traduce en un manifiesto del género femenino, además de ser un valioso reconocimiento a una cinta que extrañamente quedó por fuera de las nominadas como Mejor Película de Lengua No Inglesa.



MEJOR DIRECTOR

Siendo el ejercicio de la crítica bastante subjetivo, manifiesto abiertamente mi admiración por “La llegada”, y por lo mismo, mi profundo respeto y expectación por lo que hace y hará Denis Villeneuve, quien llegará este año a las pantallas con la secuela de un clásico ochentero de la ciencia ficción, Blade Runner 2049, haciendo del género de la Ciencia Ficción, algo más interesante de lo que venía siendo, y garantizando a los amantes del cine, una labor prodigiosa, con una narración particular, imposible de escapar.



MEJOR PELÍCULA

En la categoría reina de la noche, tengo dos observaciones, o más bien, dos ganadoras, la primera, la ganadora de mi admiración en el 2016, que no es otra que “La llegada”.  Hace mucho tiempo mi sentido del asombro no se veía tan alterado como cuando presencié esta cinta, no hay mejor indicador de la calidad de una película que salir del teatro con la cabeza llena de interrogantes, que ameriten ver la película una y otra vez y permita encontrar nuevos elementos en cada proyección.  La segunda ganadora, la que considero será la gran galardonada de la noche, es “Moonlight”, nuevamente, no por el hecho de ser la mejor cinta, sin demeritar su calidad, siendo una muy buena película, sino por considerar su argumento como un manifiesto a todo lo que significa el gobierno de Donald Trump, nada mejor que darle una bofetada reconociendo la historia de un afroamericano, pobre y gay, justo donde más le duele, hecho que muy a mi pesar, termina derivando en una observación errada del arte de este trabajo, y que espero, no sea recurrente en los próximos años, donde la calidad se vea menoscabada por ánimos políticos o por la expiación de culpas, que permitan seguir generando números en los bolsillos de Hollywood.




Quiero invitarlos este 26 de febrero a compartir sus impresiones sobre la noche de los Oscar, los espero en twitter en @albaretor, para comentar esta entrega.

LA LLEGADA

La llegada (Arrival).  2016.  Director: Denis Villeneuve.  Reparto: Amy Adams (Dra. Louise Banks); Jeremy Renner (Ian Donnellly) y Forest Whitaker (Coronel Weber).

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Tuve el temor de perderme esta película, debido a la ligereza con la que tratan al buen cine las salas donde se proyecta, dejando a solo un par de ellas, el honor de poner ante los ojos de los espectadores, contenidos inolvidables, o por lo menos, dignos de ser revisados, pasando casi desapercibidas y dejando la impresión que solo es susceptible de ver en cine, aquello que genere taquilla, sin importar de qué se trate, o qué tipo de mensaje quiera dar, si es que tiene alguno.  De ahí mi sorpresa al ver que Cine Colombia, dentro de su promoción de 5 Pass, nos dio la oportunidad de ver algunas películas que ya habían salido de cartelera, pero que debido a que fueron nominadas al Oscar, vuelven a ser proyectadas, aunque eso sí, en horarios que resultan por lo menos bastante incómodos para alguien que no puede dedicar por completo su tiempo al cine.

La llegada, esa película que arribó el año pasado a las salas, precedida de una crítica arrolladora, y llevada de la mano de uno de los grandes directores de nuestra época, Denis Villeneuve, pone al cine de ciencia ficción en un lugar en el que muy pocos han llegado a ponerlo, el lugar de las películas llamadas a ser eternas, llevando la imaginación a una infinidad de posibilidades, haciendo de las ideas herramientas incontenibles, capaces de construir de la nada historias que reflejan, a partir de la fantasía y de lo que consideramos inverosímil, los deseos, las frustraciones, las alegrías y demás emociones humanas, haciendo de aquél que haga esto posible, todo un maestro de este amado arte.

Villeneuve viene precedido por un amplio palmarés que lo llevó del reconocimiento local en su originaria Canadá, hasta ocupar un lugar de preponderancia en el circuito universal, con una marca indeleble en el trabajo, donde con cualquier elemento, por inverosímil que parezca, sirve de base para explorar y explotar las más profundas emociones humanas, desentrañando de la razón, los más bajos instintos, recurriendo a situaciones extremas, donde el resultado tiene en común, la mirada de asombro del espectador, quien durante el transcurso de sus cintas, no despega por un segundo la mirada de la gran pantalla, tal como ha sucedido con Incendies (2010), Prisioneros (2013), Sicario (2015) y ahora con la llegada.

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Amy Adams, en uno de sus mejores roles, olvidados por la Academia en la 89ª entrega de los Oscar, tal como sucedió con un sinnúmero de excelentes trabajos del 2016, encarna a Louise Banks, una experta lingüista, ampliamente reconocida en el círculo académico por su connotada experiencia en la interpretación de distintos idiomas, con una vida que raya en el misterio y que en su diario vivir dibuja un aspecto nostálgico y meditabundo, algo alejada del presente y enconada en su soledad, propia de los diferentes roles académicos que hemos visto en el séptimo arte.

Con ocasión de la llegada de 12 objetos voladores no identificados, que se posan sobre la atmósfera terrestre, diferentes líderes mundiales emprenden una carrera desesperada por saber los fines que buscan estos extraños visitantes, generando confusión y caos en el mundo, haciendo temer siempre lo peor, situación que el Coronel Weber (Whitaker), quiere evitar, por lo cual recurre a la Dra. Banks, con quien ya ha tenido la oportunidad de trabajar en otras misiones secretas, para poder generar el primer contacto con los extraterrestres, a través de descifrar un lenguaje desconocido y que puede implicar o un acercamiento pacífico, o el inicio de una carrera armamentista global, que desencadene un ataque sin precedentes desde diferentes flancos del globo terráqueo.

En tan delicada misión, la Dra. Banks contará con un grupo de expertos en temas lingüísticos, así como por expertos en las áreas de matemáticas y física, para lo cual, el Gobierno ha encargado al Dr. Ian Donnelly (Renner), un reconocido experto en esta áreas, y quien se convertirá en el complemento perfecto para poder acercarse y entender cuál objetivo tienen estos visitantes, mensaje que el poder bélico ha sido incapaz de captar y que poco a poco genera zozobra entre civiles y militares, quienes enfrentarán sus propias creencias ante la extraña realidad que están percibiendo.

Una vez logran entablar contacto en las naves extraterrestres, la Dra. Banks y el Dr. Donnelly, despliegan toda su sapiencia para generar esa primera interacción, la cual busca entablar un lenguaje común que permita comunicarse y entender sus propósitos, haciendo valer toda clase de herramientas, que permiten recorrer un maravilloso viaje sobre la estructura de la comunicación, sus diferentes variables y la riqueza que ostenta la comprensión de todos los tipos de comunicación posibles, que sumados entre ellos, serán la clave para reconocer los deseos de unos y otros.

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La llegada, basada en el libro “La historia de tu vida” de Ted Chiang, aborda preguntas trascendentales en el devenir de cualquier ser humano, que solo serán resueltas con la experiencia, dejando de lado prejuicios y misticismos, buscando que el lenguaje y el valor de la palabra, sean la base sobre la que se construye cualquier relación, y que en su interpretación se deduzcan secretos tan maravillosos, que sean la clave para tomar decisiones fundamentales para vivir, o mejor, para decidir qué es lo que queremos de nuestras propias vidas.

A pesar de sus ocho nominaciones, incluyendo la de mejor película, se siente que esta cinta debió tener mejor suerte, tal como se mencionó anteriormente, en el apartado de interpretación, donde Amy Adams, no solo despliega una de sus más brillantes actuaciones, sino que se funde en la piel del espectador al momento de describir en su rol, paradigmas que involucran a cualquier ser humano, sus sentimientos se asumen como propios, y fiel al trabajo de Villeneuve, se inmiscuye en las entrañas de quien la ve, siendo imposible no identificarse con su rol, que no se siente tan íntimo como se quiere reflejar, sino que asume una universalidad tal que, sin importar las diferencias, nos asume en situaciones comunes.

Otro de los olvidos imperdonables en esta versión de los Oscar, referentes a esta cinta, es su exclusión en el apartado de mejor banda sonora, aquella que con sinfonías precisas e incluso con la inclusión de ruidos imprevisibles, pero que hacen del ambiente algo más denso e inquietante, hacen de la banda sonora de “La llegada”, una de las imprescindibles de este arte, fácilmente comparable con la maravillosa banda sonora de “2001: Odisea en el espacio”, donde si bien, el abismo infinito del espacio era simplemente descrito por la musicalidad y sonorización de la cinta de Stanley Kubrick, lo hecho en “La llegada”, permite asimilar el encierro, el asombro y todos los sentimientos que afloran a lo largo de la historia.

Y ya que hablamos de Kubrick, hay muchas voces que ponen en el mismo altar a la ya mencionada 2001 y a esta película, dando relevancia al cine de ciencia ficción, tan vapuleado con historias fáciles, con ánimos de lucro, que desdibujan el arte en su desarrollo, haciendo de sus argumentos algo sensible, algo cercano, algo que puede hacer de la realidad algo superior, algo que permita soñar con más frecuencia, sin pena, sin preguntas, solo soñar y conservar la capacidad de asombro, ante lo que nos rodea.

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“El lenguaje es la primera arma en un conflicto”

Calificación: 9/10


P.D. Antes de la celebración de los premios Oscar, les daré a conocer mis predicciones, donde por demás advierto que estos premios son de los menos llamativos que he visto, más allá del tinte político que le quieran imprimir.  Además, a todos aquellos que quieran acompañarme en la noche del domingo, los invito a que interactuemos a través de twitter en mi perfil @albaretor, donde podremos compartir impresiones de esa velada.

lunes, 13 de febrero de 2017

TALENTOS OCULTOS

Talentos ocultos (Hidden figures).  2016.  Director: Theodore Melfi.  Reparto: Taraji P. Henson (Katherine Johnson); Octavia Spencer (Dorothy Vaughn); Janelle Monáe (Mary Jackson) y Kevin Costner (Al Harrison).

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Con la llegada de los premios, llega una bella época del año donde las carteleras de cine se llenan de lo mejor del séptimo arte, o por lo menos, lo más galardonado durante el año, permitiendo a los espectadores contemplar de primera mano, los trabajos más elaborados de la industria, construyendo así sus propios criterios de cara a la noche de premiación, allegando fanáticos o detractores, a una u otra producción, y por lo visto en las salas, permitiendo asistencias masivas de personas que en muchos casos, buscan un divertimento de fin de semana o en otros casos, tener el placer de ver antes de la gran noche (26/02/17), todas y cada una de las competidoras en las más reconocidas categorías, y saber qué tanta afinidad se tiene con la crítica, tan difundida por estos días, incluyéndome.

Dentro de las tantas competidoras en cartelera, tuve la oportunidad de asistir a una de las favoritas del público en general, de aquellas emotivas epopeyas personales, tan inspiradoras para tantos, pero que resultan bastante comunes y simples, para quienes buscan nuevas experiencias, o como en mi caso, reconociendo la ausencia de nuevas y buenas ideas, por lo menos contemplar historias, que si bien han sido contadas una y otra vez, por lo menos permiten observar un nuevo ángulo de los hechos, los acontecimientos contados desde diferentes perspectivas, que si bien los hechos por sí mismos, superan la ficción, busque la forma de analizar los contenidos a partir de los diferentes protagonistas que han participado en estos.

Talentos ocultos, la historia de las mujeres afro americanas que fueron fundamentales en la carrera espacial de Estados Unidos, desplegada por su agencia espacial, llegó como último recurso en busca de buen cine, un domingo en la tarde, cuando en todas las taquillas el sold out, es una constante y cuando no hay mayor chance de asistir a salas más especializadas por motivos de desplazamientos y tiempo entre las salas y el hogar, no hubo más remedio que ver la película que quedó por descarte y que además, tiene como aliciente, estar nominada en la máxima categoría de los premios de la Academia.

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Basada en hechos de la vida real, por aquello que en un mundo como este la realidad termina siendo más emotiva que la teatralidad, llegó a la gran pantalla la historia de tres mujeres afro americanas, ubicadas en un tiempo y lugar característico con la época de las grandes luchas civiles por el fin de la segregación, lucha que a la fecha se sigue dando y con un claro derrotado, quienes gracias a la brillantez de sus mentes, han logrado escalar a puntos inimaginables para la gran mayoría de la sociedad, y que gracias a sus notables habilidades, son asignadas en labores relevantes para la carrera espacial, la cual veía cómo la Unión Soviética, llevaba la delantera en tiempos de la guerra fría, infundiendo toda clase de temores en la comunidad y teniendo como factor común la frustración de políticos y técnicos, por no poder tener la clave para resultar vencedores en esta campaña por conquistar el espacio.

Katherine (Henson), mujer prodigio de las matemáticas, la física y le geometría; Mary (Monáe), experta en cálculos y diestra conocedora de los pormenores de la ingeniería; y Dorothy (Spencer), supervisora de labor pero no de reconocimiento, hábil mecánica e inquieta en asuntos informáticos, hacen parte del grupo denominado como computadoras, aisladas en el ala más lejana de las instalaciones de la NASA, aptas para funcionarios de raza negra, y cuya función es sacar todo tipo de cálculos en las funciones de las áreas que componen la agencia, reciben periódicamente asignaciones para suplir cargos con vacantes temporales, las cuales, para la época en que se desarrolla la historia, terminan siendo vitales en la carrera espacial, convirtiéndolas en una suerte de súper heroínas, cada una con un poder especial, que las hará sumamente relevantes en el devenir de la NASA, siendo la labor de Katherine la más importante, por estar directamente inmiscuida en el lanzamiento de misiones tripuladas por humanos al espacio, labor que ya cumpliría con éxito la Unión Soviética, en cabeza de Yuri Gagarín.

Ellas tres, además de abnegadas funcionarias, muestran su lado más humano, al interior de sus hogares, saliendo de su rol de genios, para convertirse en madres, esposas e hijas, siendo parte de una comunidad que ve poco a poco, cómo su lucha contra el racismo, da sus primeros frutos, así como sus grandes derrotas, teniendo que ser víctimas de la amplia resistencia que la igualdad tenía en una sociedad segregada, con la supremacía blanca a cargo de todo, dejando para est6a minoría una labor apenas reconocible.

Aparte de su amistad, los destinos de esta tres mujeres se cruzarían con un mismo objetivo, el de poner al Teniente John Glenn en órbita, en una misión que lo llevaría a trazar un rumbo alrededor del planeta, para dar pie a nuevas misiones, que dependerían por completo del éxito del Mercury 7, ese grupo de soldados destinados a ser pioneros más allá de los límites del planeta, pero cuyo destino, tendría más de un obstáculo, en especial por la falta de visión del equipo de expertos al mando de Al Harrison (Costner), quien veía en varias ocasiones frustrada su función, debido a los problemas que presentaban sus cálculos, situación que entraría a resolver Katherine con su ingenio y visión más allá de los números, Mary con sus consejos para aprovechar y recomponer la estructura de la cápsula espacial que llevaría y traería con vida al tripulante y finalmente, Dorothy, quien con su vocación de ir un paso más allá, vio una oportunidad ante lo que los demás veían como un problema, e hizo suya la misión de poner a andar la mega computadora IBM, a pesar de los sacrificios que conlleva el progreso.

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El final, feliz, tal como lo demuestra la historia, dando testimonio de un reconocimiento tardío a estas mujeres y resultando como un homenaje al esfuerzo más allá de las fuertes limitantes que su género y su raza, pusieron sobre ellas, resultando también como un modelo revolucionario, más allá del ámbito netamente proselitista, endilgado a figuras como Malcolm X o Martin Luther King Jr., mostrando no solo igualdad de capacidades con sus pares blancos, sino demostrando que pueden estar un escalón más arriba en la resolución de necesidades de toda la sociedad.

Es cierto que la historia puede resultar bastante inspiradora en temas de género, mostrando las desventajas y la lucha por posicionarse, de las mujeres en una sociedad completamente dirigida por hombres, y en temas de raza, por mostrar nuevamente, las dificultades que conlleva ser de color en una Nación de supremacía blanca, pero la historia resulta tan repetitiva, que la historia se pierde en los mismos lugares comunes de muchas que han querido representar los temas de opresión bajo una cortina rosa y dulce, acompañada de un humor simple, haciendo la tragedia más light para los espectadores fit, que cada vez más buscan la ligereza en las pantallas para no sentir atiborrado su intelecto.

Si vieron “Historias Cruzadas” (The Help), también con Octavia Spencer dentro de los roles relevantes, asimilarán las constantes semejanzas de una historia y otra, casi que podría afirmar que Talentos Ocultos, termina convirtiéndose en una versión de la primera, pero con un escenario más relevante, pero con tres historias tan parecidas a las de las dos mujeres sirvientes en casas de blancos ricos, que para el espectador no resulta en algo novedoso y que pudiera trascender en la comprensión de un problema tan presenta hoy como ayer, y que Hollywood, a pesar de sus marchas y aglomeraciones de manifestantes en contra de un gobierno racista, sigue tratando con pañitos de agua tibia, con guantes de seda fácilmente consumibles para muchos, y que lastimosamente, tal como sucede en todos los argumentos de películas con estas características, necesitan a su salvador blanco para resultar trascendentes, dando como conclusión que al celuloide, solo le interesan las historias inspiradoras de afro americanos, donde el blanco sea el héroe.

Técnicamente, la película resulta bien realizada, con interpretaciones sólidas por este grupo de actrices que ya resultan invitadas obligadas en cintas de este sub género, tal como se podrá ver la noche del 26 de febrero, donde nuevamente, las protagonistas de “historias Cruzadas”, vuelven a competir por sendas estatuillas, Octavia Spencer y Viola Davis tal como lo hicieran en el 2012, pero en diferentes cintas; además, musicalizada por un nuevo Rey Midas de las bandas sonoras como lo es Pharrell Williams, cuya labor resulta más como la de posicionar su arte en el séptimo arte, que un aporte real a la música en el cine,  que en este caso se siente fallida a causa de la exageración, y el tiempo fallido de las tonadas, donde muchas veces el silencio, pudo ser el mejor acompañante para el desarrollo del drama.

Sin mucho más que decir, “Talentos Ocultos”, pasa a la categoría de cine entretenido e interesante de domingo por la tarde, en canal nacional, intrascendente y sin ser complemento perfecto al momento de narrar la historia real de esta tres heroínas, a quienes para ser sincero, la película se queda muy corta en reconocer su aporte a uno de los más grandes logros de los vecinos del Norte, para lo cual, resulta mucho más recomendable, recurrir a lecturas sobre el acontecimiento que ver esta película, apta para gustos light, totalmente masticadita.

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“Aquí en la NASA todos orinamos del mismo color”


Calificación: 6.5/10

martes, 10 de enero de 2017

LA LA LAND

La la land.  2016.  Director: Damien Chazelle.  Reparto: Emma Stone (Mia) y Ryan Gosling (Sebastian).

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A falta de ideas novedosas y de las cada vez más tediosas tendencias de reencauchar éxitos de otrora, e incluso aquellas cintas que tuvieron un fulgor intermitente recientemente, el director Damien Chazelle, nuevo consentido del celuloide, se la jugó por llevar a las salas de cine, uno de aquellos trabajos que van a la fija, en cuanto al gusto de quienes otorgan premios, se refiere, y también, apuntando a la retina de los nostálgicos de los años dorados de Hollywood, donde la música, las coreografías y los sueños interpretados majestuosamente en la voz y baile de quienes hicieron de este arte algo más allá de lo terrenal, logrando llevarse estruendosas aclamaciones por unos, pero un cierto recelo por otros, eso sí, marcando un punto alto en su carrera y en la de aquellos que aún creen que correr riesgos es marcar el camino al fracaso.

Quizás no estamos ante la presencia de un dueto histórico, como el formado por Fred Astaire y Ginger Rogers (Ver Swing Time, 1936), o musicales del calado de “Cantando bajo la lluvia”, pero es de agradecer el esfuerzo realizado por Gosling y Stone, al querer traer a un nuevo público, a la maravilla de lo que fue la época dorada de Hollywood de mediados del Siglo XX, tan llevada al olvido, en parte por la mediocridad de los creadores de nuevas cintas o también por el facilismo de los espectadores, quienes prefieren historias que no requieran mayor esfuerzo argumental o visual, para ser parte de sus gustos, engrosando con cifras astronómicas los bolsillos de los productores, sacrificando calidad por cifras.

La la land es una historia de amor y desamor, muy sencilla a decir verdad, pero que en el trasfondo de la música y la espectacularidad de las escenografías y las coreografías, recrea con emoción la relación entre Mia (Stone) y Sebastian (Gosling), quienes al encontrarse en un lugar común, se dan cuenta que tras de sí, arrastran historias, sueños y tristezas, tan similares unas con las otras, que los abarcan en un mismo camino, el cual recorrerán a pesar de todo, teniendo como norte sus sueños, sin importar las consecuencias que conlleve hacerlos realidad.


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Ella, una aspirante a actriz, residente en Los Ángeles, teniendo como oficio el de barista de un café ubicado en uno de los estudios más importantes de la Meca del cine, lo cual la mantendría enfocada en su sueño, convive diariamente con la desazón por el constante rechazo audición tras audición, sobreviviendo en una ciudad que poco a poco acaba, no solo con su ímpetu, sino con su sueño, que tarde o temprano, la llevará a trazarse metas más mundanas, pero que gracias a los avatares de la vida, justo al tocar fondo, y gracias al impulso de quien surge como su co-protagonista, se reencontrará con su lado más auténtico, para comprender, que el valor más importante para conseguir su meta, se encuentra en ella misma.

Él, un virtuoso pianista, enceguecido por el jazz clásico, el cual no solo lleva en su mente, sino en su atuendo y en su diario vivir, lucha de bar en bar, interpretando piezas musicales propias de sala de espera y desentendidas del gusto de los clientes, por consolidar su idea de crear un lugar donde su sueño repose y sea compartido por los fanáticos de esta música, quienes han cedido ante el impacto de nuevas tecnologías y la incursión de nuevos ritmos, que con el tiempo restan adeptos a un género, que a su parecer, es la base de todo lo que en nuestros tiempos, es considerado medianamente apto para los oídos.


Mia y Sebastian, por azares de la vida, y teniendo como telón un majestuoso número musical, llevado a cabo en las atestadas autopistas de esta ciudad californiana, confrontan sus miradas sin saber que sus destinos se hallarían más unidos que nunca, por el intenso deseo de cumplir sus sueños de estrellato, acompañados de la nostalgia propia de un Hollywood que aparece casi como otro protagonista, el cual convertirá sus esfuerzos en vanos intentos, e incluso, siendo disruptivo en su relación, al mostrar una cara más útil y facilista, al momento de hacer de las fantasías, algo más tangibles.

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Pese a que su originalidad la ha puesto en el Olimpo, durante la temporada de festivales y en esta temporada de premios, no deja de generar más dudas que certezas, pues si bien, la musicalidad y puesta en escena son propias de admiración, la historia se siente bastante floja, repetitiva, ya vista en todo tipo de producciones, hecho que en el medio del argumento, la pone en un abismo argumental, en una de esas caídas propias de montaña rusa, donde a pesar de la adrenalina desatada durante su inicio, se sabe que su final será confortable y alejado de sobresaltos, situación que al final, a pesar de su vuelco narrativo, no deja de resultar previsible.

Pese a lo anterior, La la land puede sufrir un proceso de disección de cada uno de los elementos que la compone, dándole cierta riqueza que es compartida por quien escribe, especialmente en dos flancos.  La música resulta agradable, motivante, novedosa y refrescante para los oídos y para los ojos, situación ausente de la gran pantalla, pues si bien el género musical, ha recibido algunas muestras, muy pocas bien recibidas, la música no deja de ser un incidente, un momento propio de la escena en que se desarrolla, líneas de dialogo entre actores, entonadas sinfónicamente, pero no muy bien explotadas, como en este caso, donde con coreografías bien estructuradas, proporcionadas y lo mejor, actuales, resultan inspiradoras y más para alguien que como yo, tiene a los musicales en lo alto de sus gustos cinematográficos.


El segundo elemento que merece un apunte individual, es la interpretación de sus protagonistas, quienes de apoco se consolidan como una de las parejas a tener en cuenta en la gran pantalla. Su química ayuda a que la sinergia mostrada en las escenas musicales, sea apreciada como un válido intento por devolverle el sentido de grandeza que Hollywood ha ido perdiendo con el tiempo, requiriendo de ellos un fuerte contenido histriónico, pasando por el elemento interpretativo, continuando con su capacidad de canto y finalizando con su capacidad coreográfica, que hacía de sus bailes un gran bálsamo para los nostálgicos, dando ciertas luces de esperanza para retornar a la magia que tanto le hacía falta a este arte.

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Un factor para valorar en esta nueva entrega de Damien Chazelle, y que resulta esencial en el caso de atraer nuevos espectadores a este género, es proponer una historia clásica en un ambiente moderno, lo cual se observa desde el trabajo que realiza Mia en el café, hasta en los vehículos y escenarios en los que se desarrollan las escenas, situación que la hace una historia cercana, de la cual, cualquiera con sueños similares, puede sentirse identificado, y por qué no, llevado al punto de realizar su propia coreografía de su cotidianidad.

En los Globos de Oro, recientemente entregados, marcó un record al llevarse siete estatuillas, el total de las que se encontraba nominada, y recibiendo once nominaciones en los premios BAFTA, se perfila como la gran ganadora de la temporada, aunque dejando un leve sin sabor, por cuanto la historia llevada a los proyectores, no deja nada por rescatar, salvo la espectacularidad de la puesta en escena, factor que a futuro puede resultar en una mezcla explosiva, al anteponer el género musical con argumentos ganadores y que no solo se queden en las retinas de los espectadores, sino en su mente y su corazón.

“Podrías escribir tus propias reglas.  Tú sabes, escribe algo que sea tan interesante como tú.”

Calificación: 8/10

P.D. Como sugerencia para aquellos que se aventuren a ver La la land, les recomiendo ver un par de musicales de la época dorada, como los ya nombrados Swing time y cantando bajo la lluvia, e incluso, dense la oportunidad de ver El mago de Oz, catalgada por muchos como la mejor película de todos los tiempos.

martes, 27 de septiembre de 2016

SING STREET

Sing street.  2016.  Director: John Carney.  Reparto: Ferdia Walsh Peelo (Connor); Jack Reynor (Brendan) y Lucy Boynton (Raphina).

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En busca de nuevas películas para alimentar mi paladar cinéfilo, inicié mi exploración por dos sitios web que resultan bastante apropiados para saber qué es lo que se ve, IMDB y Rotten Tomatoes.  Uno, un referente para el público, quienes finalmente alimentan las calificaciones de las películas allí contenidas, y la segunda, un medidor de la crítica especializada y aficionada, del cine de todos los tiempos, donde, en muchas ocasiones, sus parámetros resultan bastante diversos, pero en otras, y ahí está el eje de esta reseña, los dos sitios se desatan en elogios para algunas producciones, como la que a continuación analizo.

Antes de empezar, quiero hacer una breve alusión a John Carney (Once y Begin Again), quien con Sing Street, realiza su trabajo más íntimo, una especie de autobiografía, donde la música, tal como lo ha hecho en sus anteriores trabajos, juega un rol fundamental en la trama, no simplemente por el hecho de contener grandes canciones en cada una de sus películas, sino que con su descripción metódica de la humanidad de los personajes y de la percepción de los sentimientos que los rodean, ha definido el casi inexpugnable mundo del musical, haciendo que sus protagonistas, confluyan tonada tras tonada, dándole un hilo argumental bastante acogido por el público, quien irremediablemente termina coreando la nada sonora, no porque sea de su agrado, sino porque las canciones terminan siendo un reflejo de su propia vida.

Ahora bien, como ya lo había anticipado, me topé con Sing Street, una película que en Colombia, apenas tuvo un brevísimo paso por las salas de cine, gracias al festival Indiebog, celebrado a mediados de año, pero que lastimosamente, no ha sido distribuida, privando a la audiencia de una gran obra, que como lo han mencionado varios de los pocos espectadores que han logrado verla por otros medios, y que concluyen en que esta cinta, saca de muy dentro del corazón, ese sentimiento de que todo puede ser bonito, y que al final, los motivos que nos hacen libres, son aquellos que realmente nos hacen felices y es necesario luchar por conseguirlos.

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Sing Street, ubicada como una de las diez mejores películas del año en los dos portales arriba mencionados, se lleva a cabo en la natal Dublin de Carney, corridos los años 80, retratada en épocas de grandes dificultades económicas para la sociedad británica, tal como varias de las grandes películas de esta zona del mundo, y donde Connor (Walsh Peelo), el protagonista, ve que su mundo da un giro de 180 grados, sacándolo de una vida de aparentes comodidades, para ponerlo de frente con una realidad que resulta lo suficientemente dura para buscar a regañadientes su lugar en el mundo, un mundo que se desmorona por la noticia de la separación de sus padres y por el matoneo que recibe en una escuela católica, donde el amor fraterno, no es precisamente uno de los mandamientos que rigen sus destinos.

A pesar de la pesadilla a la que se enfrenta, una luz, o más bien, el llamado de un ángel, le muestra un camino donde él puede ubicar la primera piedra de lo que será su mundo, gracias a la aparición de Raphina (Boynton), una adolescente adulta, quien con su belleza y su presencia despampanante, absorbe por completo la atención de Connor, quien a pesar de todo, decide arriesgarse a hablar con la chica de los ojos indescriptibles, y usando como excusa el trabajo como modelo de ella, la invita a hacer parte de su proyecto musical, inexistente hasta el momento, con el único fin de poder llegar a conquistarla, lo cual hasta entonces, resultaba imposible.

Sin dar marcha atrás en su propósito, gracias a la complicidad de un recién conocido, emprende la formación de su propia banda, la cual poco a poco va conformando, teniendo como mayor influencia musical, las tonadas del rock pop que sonaba por esa época en la radio, pero en especial, hacía sus primeras apariciones fuertes en forma de videos musicales, que gracias a su hermano, Brendan (Reynor), se convertirían en la base para sus composiciones y su original estilo, factor determinante en la historia, gracias a la posición contracultural que se suscita entre Connor y el director de su nuevo colegio católico, quien tal como lo ha reseñado la historia, basa su formación en constantes abusos y represiones a cualquier tipo de libertad.

En este periplo, el director retoma su fórmula infalible para conectar con el espectador, la construcción de la banda sonora, donde los protagonistas juegan un rol fundamental, prestando sus voces y talento en la composición de canciones que al final, toman la suficiente fuerza como para ser recordadas individualmente, y relacionadas no con lo visto en la pantalla, sino con episodios propios, que resultan muy parecidos a lo que se va contando y cantando.

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Al observar esta breve síntesis de la película, puede resultar en un cliché romántico, donde el eje argumentativo se enfoque en el amor adolescente de los protagonistas, pero la historia va mucho más allá, y he ahí la razón de su conexión con muchos de nosotros, pues Sing Street, no es una película de amor común, es una película de amor fraternal, donde el rol del hermano mayor, juega un punto aparte en la trama, y nos pone en ese espacio donde todos los que tuvimos hermanos, vemos reflejada nuestra unión, ya sea como hermanos mayores o como hermanos menores, donde los primeros resultan mentores de vida de los segundos, dándoles una educación especial, basada en la vida, los errores, las alegrías y los fracasos, que viven como uno solo y que terminan haciendo del éxito de unos, la razón de vivir de los otros.

Sing Street se convierte así, en la obra cumbre de John Carney, apuntando a la clave del éxito de gran parte de producciones cinematográficas y televisivas de este año, la nostalgia, aquel golpe directo en el corazón de los espectadores, llevándolos a través de los escenarios, las vivencias y en especial, a través de la música, a épocas más felices y menos complicadas, siendo común encontrar aquella sonrisa triste, la misma que va acompañada de una tímida lágrima, recordando el primer amor, los amigos de infancia y la relación con nuestros hermanos, que fueron contundentes al hacer de nosotros lo que ahora somos.

Comentario aparte amerita la banda sonora de esta película, que al igual que las anteriores producciones de este director, la pone en un rol protagónico, teniendo siempre un alto punto de calidad, siendo merecedor ya de un premio de la Academia y una nominación, contando con la participación de grandes de la industria como Bono o Adam Levine, quien repite en las películas de Carney, en Begin Again como actor e intérprete de la nominada al Óscar Lost Stars, esta vez colaborando con Go Now, canción que acompaña el momento más emotivo de la película y que ya hace curso en las apuestas por los Óscar de 2017, junto con Up, Brown Shoes y Drive it like you stole it, una favorita para este apartado y que en conjunto, darán de qué hablar en la temporada grande del cine.

Mi primer reseña en este blog fue para la película ´Las ventajas de ser Invisible´, la cual tocó fibras muy sensibles de quien escribe ahora, y definitivamente ocupa un lugar muy especial dentro de aquellas películas que han marcado mi trasegar cinéfilo, y podría decir que Sing Street, ha llegado para ocupar también un lugar especial, gracias a su golpe de nostalgia y a su grandiosa banda sonora, pero sobre todo, porque ante la pantalla, vi reflejada mi historia con mi hermana, vi los diálogos sostenidos con ella por horas y horas, vi sus confesiones, sus alegrías, sus tristezas, pero en especial, vi la alegría que me da de saber que todo lo que vivimos ha sido clave para su proyecto de vida y al igual que en esta cinta, celebro y celebraré que haya elevado anclas y haya encontrado su lugar en el mundo, que a pesar de las dificultades que implica desprenderse de todo lo que se ama, me da siempre motivos para festejar con el corazón lleno de dicha, al ver que ha conquistado todo lo que se ha propuesto.

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“For the brothers”

Calificación: 9/10

P.D. He recorrido todo tipo de almacenes buscándola, he hablado con distribuidoras, con las salas de proyección y por lo que me han comentado, es posible que esta película no sea difundida en las salas del país, así que si la quieren ver, recomiendo buscarla en internet, donde la pueden encontrar sin problema.


P.D.2. La banda sonora está disponible en todas las plataformas de música en streaming, les recomiendo que se den la oportunidad de escucharla, no se van a arrepentir.

martes, 12 de abril de 2016

TODO COMENZÓ POR EL FIN: ODA A LA CINEFILIA

TODO COMENZÓ POR EL FIN (DOCUMENTAL).  2016.  Director: Luis Ospina.


Desde que entré a transición en el Colegio Champagnat de Bogotá, retumbaba en cada pared del antiquísimo edificio ubicado en Teusaquillo, el nombre de quien para muchos, hasta ese momento, era casi un mito, pero para otros, para los muchos que lo han tenido de frente, resultó ser el guía necesario para encausar rumbos perdidos y sacar desde lo más profundo de su ser, capacidades que hasta entonces, pasaban desapercibidas gracias a un sistema educativo que prima la competencia, la interpretación lineal de la realidad y el desconocimiento de valores individuales, que solo él, era capaz de ver y de recalcar, con la crudeza y dureza propias de sus orígenes.

Tuvieron que pasar 12 largos años, para que cada vez el mito se fuera convirtiendo en realidad, y su presencia se convirtiera en algo latente, misterioso, con el inexpugnable sentimiento de temor, de recorrer el límite del abismo, de ser presa de sus palabras, de las cuales, ya en mi último año de colegio, sentado en un rincón de aquél frío y viejo salón del piso cuarto, esperaba expectante, con la mirada puesta en él, pero ante su mirada, con el ser buscando cualquier otro lugar en el mundo, escapando de sus filosos argumentos, pero que esa mañana de febrero, no tendrían destinatario fijo, por el contrario, serían la puerta de bienvenida a ese oscuro mundo, que desde entonces, ha sido mi fiel refugio, y que con nombre propio, identifica cada rasgo de esta pasión que venía surgiendo tímida y frígida ante las exigencias de un mundo difícil de comprender, pero que ahí, a través de las líneas de “El atravesado”, Andrés Caicedo me tendía su mano, y se presentaba como cancerbero ante este mundo de la cinefilia.

“A mí el primero que me enseñó a pelear, fue mi amigo, Edgar Piedrahita…”, leía con su voz fuerte el Hermano Andrés, recogiendo para sí, los ojos de los 43 alumnos del curso 11B, quienes al unísono, se transportaban a ese mundo, de los tropeles, de La Barra Brava, mientras que yo, poco a poco me perdía en el mundo del cine, de las películas que tanto amaba Andrés (Caicedo), y que durante ese año, Andrés (Hurtado), me inoculaba como un virus, el mismo que se replicaría en esta adorable enfermedad, que después de tantos años, crece y crece, y se contagia rápidamente en una nueva víctima de la cinefilia, mi hijo, que a tan temprana edad, ya muestra serios síntomas de su amor por el séptimo arte.

De “El atravesado”, salté a sus intercambios epistolares, con una serie de personajes del cine, amantes, conocedores, realizadores, quienes con una devoción casi sacramental, tomaban una a una sus palabras como el derrotero a seguir para llegar a la perfección del más imperfecto, de quien nunca estuvo conforme, de quien incluso, desde su infancia supo que era una leyenda y que las leyendas mueren jóvenes, porque hombres como Andrés (Caicedo), tal como James Dean, están destinados a dejarle cadáveres bonitos a este paraíso sombrío, y así, con resignación, lo recibieron y lo respetaron en su círculo más cercano, donde aquellas 60 pastillas de seconal, no dejaron de causar dolor, pero tampoco fueron interpretadas como inesperadas, simplemente cumplían la profecía de aquél que entonces, tal como lo relata Patricita (Restrepo), yaciera recostando su cabeza sobre sus manos, sentado al lado de la cómplice de tanta genialidad, su máquina de escribir Remington.


Andrés (Hurtado), relataba aquella época donde fue testigo presencial de la leyenda, y tuvo frente a él a aquél lánguido personaje, en sus clases de literatura del Colegio Berchmans de su natal Cali, quien a pesar de su tartamudeo, irrumpió con fuerza el mundo de las letras, para escriturar un lugar indestronable en el panteón de la inmortalidad, pero como todo ídolo maldito, empezaría poco a poco en convertirse en  imagen de la cultura pop chibcha, compitiendo con el Ché y con Jesucristo, por un lugar en las franelas de jovencitos y jovencitas, quienes ven en él, un argumento a su actitud decadente y pseudo rebelde, pero que no encarnan ni una milésima de aquella filosofía nihilista, que lo empoderaba en su reino, de desesperación e incomprensión, dando como resultado, entre tantas otras falacias, la puesta cinematográfica de su obra cumbre “Que viva la música”, llevada a la gran pantalla por un director que como Carlos Moreno, se caracteriza por ilustrar narcos y lavaperros, pero quien se confundió en absoluto al mostrar a María del Carmen Huerta, no como en la heroína que tantas generaciones ha cautivado, sino como una de sus tantas prepagos drogadictas, intrascendente e insultante para la obra del gran Andrés (Caicedo).

Afortunadamente, aquél mismo año que dio a luz tan grotesco intento de banalizar la obra de Caicedo, por coincidencias de la vida, o a causa de un designio de la justicia divina, vio nacer a otra obra, que a manera de documental, llevaría a las salas, la triste gran historia de lo que se conoció como el Grupo de Cali, que si bien estuvo conformado por un gran número de sujetos, fueron tres los que alcanzaron un especial reconocimiento en el arte, siendo ellos, el ya varias veces mentado Andrés, Carlos Mayolo y Luis Ospina, siendo este último quien al ser el sobreviviente de este tridente, llevaría a cabo la titánica misión de retratar como ningún otro, lo que para muchos fue Caliwood, pero para otros, fue su propia vida y razón de existir, teniendo como escenario la calurosa capital del Valle del Cauca, que como muchos tantos manifiestan, es una ciudad que no tiene memoria, y de aquella Cali de finales de los 60 y los 70, ya todo se lo inhaló el narcotráfico o quedó disminuido a cenizas, vertidas al lado de un frondoso yarumo.

Sin embargo, este relato, tal como todos los del grupo de Cali, no podía estar ajeno a la tragedia, situación que haría narrar esta historia desde su epílogo, tal como su título lo afirma, “Todo comenzó por el fin”, porque para Luis Ospina, la experiencia de recorrer su historia y la de sus amigos en 90 minutos, terminó convirtiéndose en una lucha epopéyica por su vida, debido al diagnóstico de cáncer gástrico como resultado de un tumor duodenal, que en medio del proceso de producción, estuvo a punto de interrumpir su obra, pero que contrario a llevarla a triste término, se sumó a la crónica de esta generación trágica, donde la muerte emana como factor común entre sus miembros, todo porque ella, lúgubre y bella, danzó su consabida pieza, iniciando con Andrés, continuando con Mayolo y por poco terminando con Luis.

Desde su lecho de enfermo, y a tono de retrospectiva por inminente causa de muerte, Luis Ospina se retrata a sí mismo, como el triste resultado de un proceso autodestructivo, donde la única vida que resultaba posible, era la retratada y expuesta en el gran telón blanco de Ciudad Solar y posteriormente en la gran pantalla del Teatro San Fernando, hoy convertido en centro de culto y oración para una de las tantas iglesias que cada día nacen en nuestro país, retrato donde todos y cada uno de sus participantes, denotan en sus rostros el dolor, la agonía y el remordimiento, por lo que en su momento pudo ser la gloria, que finalmente, se tornó en un infierno, que aún, después de 40 años, sigue siendo su morada, con escasos momentos de redención, en medio de las risas desaforadas y del sexo sin fin, que tras el manto de la coca, los hongos, el LSD, ácidos y la infaltable marihuana, no tenía más escapatoria que llegar lo más pronto posible al fin.


De aquél retrato de 90 minutos, Luis Ospina pasó a un documento histórico de tres horas y media, abordando cada espacio de la vida, en primer lugar de Andrés Caicedo, su amor por el cine y por la muerte, su inquietud intelectual, dándole una connotación mesiánica, que abordaba su constante roce con el suicidio, con la tragedia, plasmando su propia nota de despedida, casi tres años antes de que realmente aconteciera su deceso, acorralado por el peso de unos años intensamente vividos, afectado por amores no correspondidos, y por el peso de ser el estandarte de una generación,  que lo seguía, lo escuchaba y lo leía, por llevar consigo el mensaje de una juventud inquieta, que se contagiaba de los movimientos sociales ocasionados por la Guerra de Vietnam, el inconformismo de los estudiantes de aquél París del 68, y que 3 años más tarde, replicaría en la Sultana del Valle, convirtiendo su tierra, en sinónimo de arte, creación y revolución cultural.

Seguiría la historia Con Carlos Mayolo, el hombre fuerte detrás de cámaras, el director, capaz de llevar las ideas a escena y retratarlas con sus amplios conocimientos cinematográficos, hecho que tendría su mayor relevancia con cintas como La Mansión de Araucaima (1986), una de las obras clave del cine colombiano, y programas de televisión como Azúcar (1989), donde, tal como  lo recopilan sus amigos y conocidos a través de las entrevistas recogidas por Luis Ospina para el documental, ha sido el único director con libertad creativa total, dando como resultado, uno de los productos televisivos más valiosos de los últimos tiempos, teniendo como anécdota la estrecha relación de Mayolo con el alcohol, las drogas y la puesta en escena, donde era imposible verlo en estado de plena conciencia, haciendo parecer el vodka y la cocaína como la vitamina necesaria para crear y llevar a cabo sus ideas. 

Tal como Andrés, pero con casi 30 años de retraso, marcó su signo final, rozando los límites de la demencia y llegando casi a la invalidez, terminó sus días junto a su compañera de los últimos años, Beatriz Caballero, quien en una relación de corte edípico, intentó conservar su lucidez hasta el fin de sus días, tras la sombra del gran amor de su vida, su madre, de quién como anécdota, se recuerda en el documental el momento en que Carlos Mayolo sufre un paro cardiaco y respiratorio, que reduciría, en caso de salvarse, en un amplio margen su calidad de vida, a lo que su mamá responde, en plena crisis, que por favor lo desconecten, porque no soportaría la idea de ver a Carlos, bobo.

La vida de Luis Ospina, no guarda un capítulo especial a lo largo de este trabajo, pues Luis Ospina mezcla su destino, con el destino de los otros dos miembros del grupo, participando en cada anécdota, cada historia, cada tristeza y cada instante de intenso dolor, siendo testigo vivo de una de las páginas más polémicas, prolífica y triste de la cultura colombiana.  Su gran logro en este apartado, es representar su tragedia personal, su grave enfermedad, descarnadamente retratada, como un aparte propio de la aparición de estos dos personajes en su vida, proyectando los espacios más íntimos de ellos, bajo una clara solicitud al espectador, para que viva a través de sus ojos, la historia que nos está contando, que seamos partícipes del ágape que por poco resulta su última cena, convirtiéndonos en discípulos, amigos y cómplices de Andrés, Carlos y de él mismo.

“Todo comenzó por el fin”, resulta un documento necesario, aunque abrumador, de los orígenes del cine moderno en Colombia, de las bases sobre las cuales se cuentan las historias de los nuevos realizadores colombianos, quienes en cada una de sus obras, se ven influenciados por el genio de estos tres próceres del séptimo arte de nuestro país, recurriendo a un recorrido de imágenes, aparte de películas, de documentales, entrevistas, cartas, libros, e incluso, de la documentación de una reunión de amigos, sus impresiones, propias y ajenas, de lo que ha sido su vida, lo que casi fue su muerte y el hecho de ser parte de un colectivo que año tras año se revitaliza, con la publicación de material inédito, con homenajes como el que se llevó a cabo este año en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, o con trabajos como éste, que lo siguen manteniendo vigente y que todo indica, tiene mucho más para dar.


Son tres horas y media, no aptas para todo el público, pues si bien se puede identificar con alguno de los elementos que la componen (la música, las películas, la época), su narración es bastante intimista, y en ocasiones resulta engorrosa, la aparición de personajes sin importancia real en la historia, tratando de juntar tantas cosas en un mismo trabajo, que hay momentos donde el proceso de contar la historia pareciese estancado, dejando al espectador la tarea de sacar su propia conclusión, al brindar todos los elementos, incluso algunos que parecieran sobrantes, para el ejercicio intelectual de quienes se tomaron el trabajo de asistir a una de las tres funciones en las que fue programada en algunas salas seleccionadas de Cine Colombia.

Finalmente, solo me queda decir que Andrés (Hurtado), después de tomarse un buen tiempo por hacer de mí una criatura viviente en el mundo de los proyectores y las cintas, se llevó una gran decepción al enterarse que éste que les escribe, no sería cineasta, tal como lo manifestara una y otra vez en diversos cine foros dictados, en talleres realizados, en discusiones sostenidas en el patio de recreo, sino que se dejaría llevar por el mundo de las leyes y los códigos, a lo cual, el día que descubrió tal decisión, no halló otra forma de comunicarlo, que con un sonoro ¡hijueputa!

Pero bueno,  aquí estoy, y Andrés (Caicedo) y Andrés (Hurtado), aún siguen tan vigentes en mi vida en este pequeño espacio que creé, no solo para mitigar un poco la desazón de mi profesor de literatura y de varios conocidos y familiares, sino para mantenerme vivo, para no sentirme decepcionado conmigo mismo, y que cuando llegue el momento de hacer mi propia retrospectiva, no me sienta tan mal por haber cometido la osadía de vivir más de 25 años y tener que vestir día tras día, el traje gris del adulto en el que me convertí.



Calificación: 8.5/10