martes, 10 de enero de 2017

LA LA LAND

La la land.  2016.  Director: Damien Chazelle.  Reparto: Emma Stone (Mia) y Ryan Gosling (Sebastian).

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A falta de ideas novedosas y de las cada vez más tediosas tendencias de reencauchar éxitos de otrora, e incluso aquellas cintas que tuvieron un fulgor intermitente recientemente, el director Damien Chazelle, nuevo consentido del celuloide, se la jugó por llevar a las salas de cine, uno de aquellos trabajos que van a la fija, en cuanto al gusto de quienes otorgan premios, se refiere, y también, apuntando a la retina de los nostálgicos de los años dorados de Hollywood, donde la música, las coreografías y los sueños interpretados majestuosamente en la voz y baile de quienes hicieron de este arte algo más allá de lo terrenal, logrando llevarse estruendosas aclamaciones por unos, pero un cierto recelo por otros, eso sí, marcando un punto alto en su carrera y en la de aquellos que aún creen que correr riesgos es marcar el camino al fracaso.

Quizás no estamos ante la presencia de un dueto histórico, como el formado por Fred Astaire y Ginger Rogers (Ver Swing Time, 1936), o musicales del calado de “Cantando bajo la lluvia”, pero es de agradecer el esfuerzo realizado por Gosling y Stone, al querer traer a un nuevo público, a la maravilla de lo que fue la época dorada de Hollywood de mediados del Siglo XX, tan llevada al olvido, en parte por la mediocridad de los creadores de nuevas cintas o también por el facilismo de los espectadores, quienes prefieren historias que no requieran mayor esfuerzo argumental o visual, para ser parte de sus gustos, engrosando con cifras astronómicas los bolsillos de los productores, sacrificando calidad por cifras.

La la land es una historia de amor y desamor, muy sencilla a decir verdad, pero que en el trasfondo de la música y la espectacularidad de las escenografías y las coreografías, recrea con emoción la relación entre Mia (Stone) y Sebastian (Gosling), quienes al encontrarse en un lugar común, se dan cuenta que tras de sí, arrastran historias, sueños y tristezas, tan similares unas con las otras, que los abarcan en un mismo camino, el cual recorrerán a pesar de todo, teniendo como norte sus sueños, sin importar las consecuencias que conlleve hacerlos realidad.


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Ella, una aspirante a actriz, residente en Los Ángeles, teniendo como oficio el de barista de un café ubicado en uno de los estudios más importantes de la Meca del cine, lo cual la mantendría enfocada en su sueño, convive diariamente con la desazón por el constante rechazo audición tras audición, sobreviviendo en una ciudad que poco a poco acaba, no solo con su ímpetu, sino con su sueño, que tarde o temprano, la llevará a trazarse metas más mundanas, pero que gracias a los avatares de la vida, justo al tocar fondo, y gracias al impulso de quien surge como su co-protagonista, se reencontrará con su lado más auténtico, para comprender, que el valor más importante para conseguir su meta, se encuentra en ella misma.

Él, un virtuoso pianista, enceguecido por el jazz clásico, el cual no solo lleva en su mente, sino en su atuendo y en su diario vivir, lucha de bar en bar, interpretando piezas musicales propias de sala de espera y desentendidas del gusto de los clientes, por consolidar su idea de crear un lugar donde su sueño repose y sea compartido por los fanáticos de esta música, quienes han cedido ante el impacto de nuevas tecnologías y la incursión de nuevos ritmos, que con el tiempo restan adeptos a un género, que a su parecer, es la base de todo lo que en nuestros tiempos, es considerado medianamente apto para los oídos.


Mia y Sebastian, por azares de la vida, y teniendo como telón un majestuoso número musical, llevado a cabo en las atestadas autopistas de esta ciudad californiana, confrontan sus miradas sin saber que sus destinos se hallarían más unidos que nunca, por el intenso deseo de cumplir sus sueños de estrellato, acompañados de la nostalgia propia de un Hollywood que aparece casi como otro protagonista, el cual convertirá sus esfuerzos en vanos intentos, e incluso, siendo disruptivo en su relación, al mostrar una cara más útil y facilista, al momento de hacer de las fantasías, algo más tangibles.

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Pese a que su originalidad la ha puesto en el Olimpo, durante la temporada de festivales y en esta temporada de premios, no deja de generar más dudas que certezas, pues si bien, la musicalidad y puesta en escena son propias de admiración, la historia se siente bastante floja, repetitiva, ya vista en todo tipo de producciones, hecho que en el medio del argumento, la pone en un abismo argumental, en una de esas caídas propias de montaña rusa, donde a pesar de la adrenalina desatada durante su inicio, se sabe que su final será confortable y alejado de sobresaltos, situación que al final, a pesar de su vuelco narrativo, no deja de resultar previsible.

Pese a lo anterior, La la land puede sufrir un proceso de disección de cada uno de los elementos que la compone, dándole cierta riqueza que es compartida por quien escribe, especialmente en dos flancos.  La música resulta agradable, motivante, novedosa y refrescante para los oídos y para los ojos, situación ausente de la gran pantalla, pues si bien el género musical, ha recibido algunas muestras, muy pocas bien recibidas, la música no deja de ser un incidente, un momento propio de la escena en que se desarrolla, líneas de dialogo entre actores, entonadas sinfónicamente, pero no muy bien explotadas, como en este caso, donde con coreografías bien estructuradas, proporcionadas y lo mejor, actuales, resultan inspiradoras y más para alguien que como yo, tiene a los musicales en lo alto de sus gustos cinematográficos.


El segundo elemento que merece un apunte individual, es la interpretación de sus protagonistas, quienes de apoco se consolidan como una de las parejas a tener en cuenta en la gran pantalla. Su química ayuda a que la sinergia mostrada en las escenas musicales, sea apreciada como un válido intento por devolverle el sentido de grandeza que Hollywood ha ido perdiendo con el tiempo, requiriendo de ellos un fuerte contenido histriónico, pasando por el elemento interpretativo, continuando con su capacidad de canto y finalizando con su capacidad coreográfica, que hacía de sus bailes un gran bálsamo para los nostálgicos, dando ciertas luces de esperanza para retornar a la magia que tanto le hacía falta a este arte.

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Un factor para valorar en esta nueva entrega de Damien Chazelle, y que resulta esencial en el caso de atraer nuevos espectadores a este género, es proponer una historia clásica en un ambiente moderno, lo cual se observa desde el trabajo que realiza Mia en el café, hasta en los vehículos y escenarios en los que se desarrollan las escenas, situación que la hace una historia cercana, de la cual, cualquiera con sueños similares, puede sentirse identificado, y por qué no, llevado al punto de realizar su propia coreografía de su cotidianidad.

En los Globos de Oro, recientemente entregados, marcó un record al llevarse siete estatuillas, el total de las que se encontraba nominada, y recibiendo once nominaciones en los premios BAFTA, se perfila como la gran ganadora de la temporada, aunque dejando un leve sin sabor, por cuanto la historia llevada a los proyectores, no deja nada por rescatar, salvo la espectacularidad de la puesta en escena, factor que a futuro puede resultar en una mezcla explosiva, al anteponer el género musical con argumentos ganadores y que no solo se queden en las retinas de los espectadores, sino en su mente y su corazón.

“Podrías escribir tus propias reglas.  Tú sabes, escribe algo que sea tan interesante como tú.”

Calificación: 8/10

P.D. Como sugerencia para aquellos que se aventuren a ver La la land, les recomiendo ver un par de musicales de la época dorada, como los ya nombrados Swing time y cantando bajo la lluvia, e incluso, dense la oportunidad de ver El mago de Oz, catalgada por muchos como la mejor película de todos los tiempos.

martes, 27 de septiembre de 2016

SING STREET

Sing street.  2016.  Director: John Carney.  Reparto: Ferdia Walsh Peelo (Connor); Jack Reynor (Brendan) y Lucy Boynton (Raphina).

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En busca de nuevas películas para alimentar mi paladar cinéfilo, inicié mi exploración por dos sitios web que resultan bastante apropiados para saber qué es lo que se ve, IMDB y Rotten Tomatoes.  Uno, un referente para el público, quienes finalmente alimentan las calificaciones de las películas allí contenidas, y la segunda, un medidor de la crítica especializada y aficionada, del cine de todos los tiempos, donde, en muchas ocasiones, sus parámetros resultan bastante diversos, pero en otras, y ahí está el eje de esta reseña, los dos sitios se desatan en elogios para algunas producciones, como la que a continuación analizo.

Antes de empezar, quiero hacer una breve alusión a John Carney (Once y Begin Again), quien con Sing Street, realiza su trabajo más íntimo, una especie de autobiografía, donde la música, tal como lo ha hecho en sus anteriores trabajos, juega un rol fundamental en la trama, no simplemente por el hecho de contener grandes canciones en cada una de sus películas, sino que con su descripción metódica de la humanidad de los personajes y de la percepción de los sentimientos que los rodean, ha definido el casi inexpugnable mundo del musical, haciendo que sus protagonistas, confluyan tonada tras tonada, dándole un hilo argumental bastante acogido por el público, quien irremediablemente termina coreando la nada sonora, no porque sea de su agrado, sino porque las canciones terminan siendo un reflejo de su propia vida.

Ahora bien, como ya lo había anticipado, me topé con Sing Street, una película que en Colombia, apenas tuvo un brevísimo paso por las salas de cine, gracias al festival Indiebog, celebrado a mediados de año, pero que lastimosamente, no ha sido distribuida, privando a la audiencia de una gran obra, que como lo han mencionado varios de los pocos espectadores que han logrado verla por otros medios, y que concluyen en que esta cinta, saca de muy dentro del corazón, ese sentimiento de que todo puede ser bonito, y que al final, los motivos que nos hacen libres, son aquellos que realmente nos hacen felices y es necesario luchar por conseguirlos.

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Sing Street, ubicada como una de las diez mejores películas del año en los dos portales arriba mencionados, se lleva a cabo en la natal Dublin de Carney, corridos los años 80, retratada en épocas de grandes dificultades económicas para la sociedad británica, tal como varias de las grandes películas de esta zona del mundo, y donde Connor (Walsh Peelo), el protagonista, ve que su mundo da un giro de 180 grados, sacándolo de una vida de aparentes comodidades, para ponerlo de frente con una realidad que resulta lo suficientemente dura para buscar a regañadientes su lugar en el mundo, un mundo que se desmorona por la noticia de la separación de sus padres y por el matoneo que recibe en una escuela católica, donde el amor fraterno, no es precisamente uno de los mandamientos que rigen sus destinos.

A pesar de la pesadilla a la que se enfrenta, una luz, o más bien, el llamado de un ángel, le muestra un camino donde él puede ubicar la primera piedra de lo que será su mundo, gracias a la aparición de Raphina (Boynton), una adolescente adulta, quien con su belleza y su presencia despampanante, absorbe por completo la atención de Connor, quien a pesar de todo, decide arriesgarse a hablar con la chica de los ojos indescriptibles, y usando como excusa el trabajo como modelo de ella, la invita a hacer parte de su proyecto musical, inexistente hasta el momento, con el único fin de poder llegar a conquistarla, lo cual hasta entonces, resultaba imposible.

Sin dar marcha atrás en su propósito, gracias a la complicidad de un recién conocido, emprende la formación de su propia banda, la cual poco a poco va conformando, teniendo como mayor influencia musical, las tonadas del rock pop que sonaba por esa época en la radio, pero en especial, hacía sus primeras apariciones fuertes en forma de videos musicales, que gracias a su hermano, Brendan (Reynor), se convertirían en la base para sus composiciones y su original estilo, factor determinante en la historia, gracias a la posición contracultural que se suscita entre Connor y el director de su nuevo colegio católico, quien tal como lo ha reseñado la historia, basa su formación en constantes abusos y represiones a cualquier tipo de libertad.

En este periplo, el director retoma su fórmula infalible para conectar con el espectador, la construcción de la banda sonora, donde los protagonistas juegan un rol fundamental, prestando sus voces y talento en la composición de canciones que al final, toman la suficiente fuerza como para ser recordadas individualmente, y relacionadas no con lo visto en la pantalla, sino con episodios propios, que resultan muy parecidos a lo que se va contando y cantando.

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Al observar esta breve síntesis de la película, puede resultar en un cliché romántico, donde el eje argumentativo se enfoque en el amor adolescente de los protagonistas, pero la historia va mucho más allá, y he ahí la razón de su conexión con muchos de nosotros, pues Sing Street, no es una película de amor común, es una película de amor fraternal, donde el rol del hermano mayor, juega un punto aparte en la trama, y nos pone en ese espacio donde todos los que tuvimos hermanos, vemos reflejada nuestra unión, ya sea como hermanos mayores o como hermanos menores, donde los primeros resultan mentores de vida de los segundos, dándoles una educación especial, basada en la vida, los errores, las alegrías y los fracasos, que viven como uno solo y que terminan haciendo del éxito de unos, la razón de vivir de los otros.

Sing Street se convierte así, en la obra cumbre de John Carney, apuntando a la clave del éxito de gran parte de producciones cinematográficas y televisivas de este año, la nostalgia, aquel golpe directo en el corazón de los espectadores, llevándolos a través de los escenarios, las vivencias y en especial, a través de la música, a épocas más felices y menos complicadas, siendo común encontrar aquella sonrisa triste, la misma que va acompañada de una tímida lágrima, recordando el primer amor, los amigos de infancia y la relación con nuestros hermanos, que fueron contundentes al hacer de nosotros lo que ahora somos.

Comentario aparte amerita la banda sonora de esta película, que al igual que las anteriores producciones de este director, la pone en un rol protagónico, teniendo siempre un alto punto de calidad, siendo merecedor ya de un premio de la Academia y una nominación, contando con la participación de grandes de la industria como Bono o Adam Levine, quien repite en las películas de Carney, en Begin Again como actor e intérprete de la nominada al Óscar Lost Stars, esta vez colaborando con Go Now, canción que acompaña el momento más emotivo de la película y que ya hace curso en las apuestas por los Óscar de 2017, junto con Up, Brown Shoes y Drive it like you stole it, una favorita para este apartado y que en conjunto, darán de qué hablar en la temporada grande del cine.

Mi primer reseña en este blog fue para la película ´Las ventajas de ser Invisible´, la cual tocó fibras muy sensibles de quien escribe ahora, y definitivamente ocupa un lugar muy especial dentro de aquellas películas que han marcado mi trasegar cinéfilo, y podría decir que Sing Street, ha llegado para ocupar también un lugar especial, gracias a su golpe de nostalgia y a su grandiosa banda sonora, pero sobre todo, porque ante la pantalla, vi reflejada mi historia con mi hermana, vi los diálogos sostenidos con ella por horas y horas, vi sus confesiones, sus alegrías, sus tristezas, pero en especial, vi la alegría que me da de saber que todo lo que vivimos ha sido clave para su proyecto de vida y al igual que en esta cinta, celebro y celebraré que haya elevado anclas y haya encontrado su lugar en el mundo, que a pesar de las dificultades que implica desprenderse de todo lo que se ama, me da siempre motivos para festejar con el corazón lleno de dicha, al ver que ha conquistado todo lo que se ha propuesto.

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“For the brothers”

Calificación: 9/10

P.D. He recorrido todo tipo de almacenes buscándola, he hablado con distribuidoras, con las salas de proyección y por lo que me han comentado, es posible que esta película no sea difundida en las salas del país, así que si la quieren ver, recomiendo buscarla en internet, donde la pueden encontrar sin problema.


P.D.2. La banda sonora está disponible en todas las plataformas de música en streaming, les recomiendo que se den la oportunidad de escucharla, no se van a arrepentir.

martes, 12 de abril de 2016

TODO COMENZÓ POR EL FIN: ODA A LA CINEFILIA

TODO COMENZÓ POR EL FIN (DOCUMENTAL).  2016.  Director: Luis Ospina.


Desde que entré a transición en el Colegio Champagnat de Bogotá, retumbaba en cada pared del antiquísimo edificio ubicado en Teusaquillo, el nombre de quien para muchos, hasta ese momento, era casi un mito, pero para otros, para los muchos que lo han tenido de frente, resultó ser el guía necesario para encausar rumbos perdidos y sacar desde lo más profundo de su ser, capacidades que hasta entonces, pasaban desapercibidas gracias a un sistema educativo que prima la competencia, la interpretación lineal de la realidad y el desconocimiento de valores individuales, que solo él, era capaz de ver y de recalcar, con la crudeza y dureza propias de sus orígenes.

Tuvieron que pasar 12 largos años, para que cada vez el mito se fuera convirtiendo en realidad, y su presencia se convirtiera en algo latente, misterioso, con el inexpugnable sentimiento de temor, de recorrer el límite del abismo, de ser presa de sus palabras, de las cuales, ya en mi último año de colegio, sentado en un rincón de aquél frío y viejo salón del piso cuarto, esperaba expectante, con la mirada puesta en él, pero ante su mirada, con el ser buscando cualquier otro lugar en el mundo, escapando de sus filosos argumentos, pero que esa mañana de febrero, no tendrían destinatario fijo, por el contrario, serían la puerta de bienvenida a ese oscuro mundo, que desde entonces, ha sido mi fiel refugio, y que con nombre propio, identifica cada rasgo de esta pasión que venía surgiendo tímida y frígida ante las exigencias de un mundo difícil de comprender, pero que ahí, a través de las líneas de “El atravesado”, Andrés Caicedo me tendía su mano, y se presentaba como cancerbero ante este mundo de la cinefilia.

“A mí el primero que me enseñó a pelear, fue mi amigo, Edgar Piedrahita…”, leía con su voz fuerte el Hermano Andrés, recogiendo para sí, los ojos de los 43 alumnos del curso 11B, quienes al unísono, se transportaban a ese mundo, de los tropeles, de La Barra Brava, mientras que yo, poco a poco me perdía en el mundo del cine, de las películas que tanto amaba Andrés (Caicedo), y que durante ese año, Andrés (Hurtado), me inoculaba como un virus, el mismo que se replicaría en esta adorable enfermedad, que después de tantos años, crece y crece, y se contagia rápidamente en una nueva víctima de la cinefilia, mi hijo, que a tan temprana edad, ya muestra serios síntomas de su amor por el séptimo arte.

De “El atravesado”, salté a sus intercambios epistolares, con una serie de personajes del cine, amantes, conocedores, realizadores, quienes con una devoción casi sacramental, tomaban una a una sus palabras como el derrotero a seguir para llegar a la perfección del más imperfecto, de quien nunca estuvo conforme, de quien incluso, desde su infancia supo que era una leyenda y que las leyendas mueren jóvenes, porque hombres como Andrés (Caicedo), tal como James Dean, están destinados a dejarle cadáveres bonitos a este paraíso sombrío, y así, con resignación, lo recibieron y lo respetaron en su círculo más cercano, donde aquellas 60 pastillas de seconal, no dejaron de causar dolor, pero tampoco fueron interpretadas como inesperadas, simplemente cumplían la profecía de aquél que entonces, tal como lo relata Patricita (Restrepo), yaciera recostando su cabeza sobre sus manos, sentado al lado de la cómplice de tanta genialidad, su máquina de escribir Remington.


Andrés (Hurtado), relataba aquella época donde fue testigo presencial de la leyenda, y tuvo frente a él a aquél lánguido personaje, en sus clases de literatura del Colegio Berchmans de su natal Cali, quien a pesar de su tartamudeo, irrumpió con fuerza el mundo de las letras, para escriturar un lugar indestronable en el panteón de la inmortalidad, pero como todo ídolo maldito, empezaría poco a poco en convertirse en  imagen de la cultura pop chibcha, compitiendo con el Ché y con Jesucristo, por un lugar en las franelas de jovencitos y jovencitas, quienes ven en él, un argumento a su actitud decadente y pseudo rebelde, pero que no encarnan ni una milésima de aquella filosofía nihilista, que lo empoderaba en su reino, de desesperación e incomprensión, dando como resultado, entre tantas otras falacias, la puesta cinematográfica de su obra cumbre “Que viva la música”, llevada a la gran pantalla por un director que como Carlos Moreno, se caracteriza por ilustrar narcos y lavaperros, pero quien se confundió en absoluto al mostrar a María del Carmen Huerta, no como en la heroína que tantas generaciones ha cautivado, sino como una de sus tantas prepagos drogadictas, intrascendente e insultante para la obra del gran Andrés (Caicedo).

Afortunadamente, aquél mismo año que dio a luz tan grotesco intento de banalizar la obra de Caicedo, por coincidencias de la vida, o a causa de un designio de la justicia divina, vio nacer a otra obra, que a manera de documental, llevaría a las salas, la triste gran historia de lo que se conoció como el Grupo de Cali, que si bien estuvo conformado por un gran número de sujetos, fueron tres los que alcanzaron un especial reconocimiento en el arte, siendo ellos, el ya varias veces mentado Andrés, Carlos Mayolo y Luis Ospina, siendo este último quien al ser el sobreviviente de este tridente, llevaría a cabo la titánica misión de retratar como ningún otro, lo que para muchos fue Caliwood, pero para otros, fue su propia vida y razón de existir, teniendo como escenario la calurosa capital del Valle del Cauca, que como muchos tantos manifiestan, es una ciudad que no tiene memoria, y de aquella Cali de finales de los 60 y los 70, ya todo se lo inhaló el narcotráfico o quedó disminuido a cenizas, vertidas al lado de un frondoso yarumo.

Sin embargo, este relato, tal como todos los del grupo de Cali, no podía estar ajeno a la tragedia, situación que haría narrar esta historia desde su epílogo, tal como su título lo afirma, “Todo comenzó por el fin”, porque para Luis Ospina, la experiencia de recorrer su historia y la de sus amigos en 90 minutos, terminó convirtiéndose en una lucha epopéyica por su vida, debido al diagnóstico de cáncer gástrico como resultado de un tumor duodenal, que en medio del proceso de producción, estuvo a punto de interrumpir su obra, pero que contrario a llevarla a triste término, se sumó a la crónica de esta generación trágica, donde la muerte emana como factor común entre sus miembros, todo porque ella, lúgubre y bella, danzó su consabida pieza, iniciando con Andrés, continuando con Mayolo y por poco terminando con Luis.

Desde su lecho de enfermo, y a tono de retrospectiva por inminente causa de muerte, Luis Ospina se retrata a sí mismo, como el triste resultado de un proceso autodestructivo, donde la única vida que resultaba posible, era la retratada y expuesta en el gran telón blanco de Ciudad Solar y posteriormente en la gran pantalla del Teatro San Fernando, hoy convertido en centro de culto y oración para una de las tantas iglesias que cada día nacen en nuestro país, retrato donde todos y cada uno de sus participantes, denotan en sus rostros el dolor, la agonía y el remordimiento, por lo que en su momento pudo ser la gloria, que finalmente, se tornó en un infierno, que aún, después de 40 años, sigue siendo su morada, con escasos momentos de redención, en medio de las risas desaforadas y del sexo sin fin, que tras el manto de la coca, los hongos, el LSD, ácidos y la infaltable marihuana, no tenía más escapatoria que llegar lo más pronto posible al fin.


De aquél retrato de 90 minutos, Luis Ospina pasó a un documento histórico de tres horas y media, abordando cada espacio de la vida, en primer lugar de Andrés Caicedo, su amor por el cine y por la muerte, su inquietud intelectual, dándole una connotación mesiánica, que abordaba su constante roce con el suicidio, con la tragedia, plasmando su propia nota de despedida, casi tres años antes de que realmente aconteciera su deceso, acorralado por el peso de unos años intensamente vividos, afectado por amores no correspondidos, y por el peso de ser el estandarte de una generación,  que lo seguía, lo escuchaba y lo leía, por llevar consigo el mensaje de una juventud inquieta, que se contagiaba de los movimientos sociales ocasionados por la Guerra de Vietnam, el inconformismo de los estudiantes de aquél París del 68, y que 3 años más tarde, replicaría en la Sultana del Valle, convirtiendo su tierra, en sinónimo de arte, creación y revolución cultural.

Seguiría la historia Con Carlos Mayolo, el hombre fuerte detrás de cámaras, el director, capaz de llevar las ideas a escena y retratarlas con sus amplios conocimientos cinematográficos, hecho que tendría su mayor relevancia con cintas como La Mansión de Araucaima (1986), una de las obras clave del cine colombiano, y programas de televisión como Azúcar (1989), donde, tal como  lo recopilan sus amigos y conocidos a través de las entrevistas recogidas por Luis Ospina para el documental, ha sido el único director con libertad creativa total, dando como resultado, uno de los productos televisivos más valiosos de los últimos tiempos, teniendo como anécdota la estrecha relación de Mayolo con el alcohol, las drogas y la puesta en escena, donde era imposible verlo en estado de plena conciencia, haciendo parecer el vodka y la cocaína como la vitamina necesaria para crear y llevar a cabo sus ideas. 

Tal como Andrés, pero con casi 30 años de retraso, marcó su signo final, rozando los límites de la demencia y llegando casi a la invalidez, terminó sus días junto a su compañera de los últimos años, Beatriz Caballero, quien en una relación de corte edípico, intentó conservar su lucidez hasta el fin de sus días, tras la sombra del gran amor de su vida, su madre, de quién como anécdota, se recuerda en el documental el momento en que Carlos Mayolo sufre un paro cardiaco y respiratorio, que reduciría, en caso de salvarse, en un amplio margen su calidad de vida, a lo que su mamá responde, en plena crisis, que por favor lo desconecten, porque no soportaría la idea de ver a Carlos, bobo.

La vida de Luis Ospina, no guarda un capítulo especial a lo largo de este trabajo, pues Luis Ospina mezcla su destino, con el destino de los otros dos miembros del grupo, participando en cada anécdota, cada historia, cada tristeza y cada instante de intenso dolor, siendo testigo vivo de una de las páginas más polémicas, prolífica y triste de la cultura colombiana.  Su gran logro en este apartado, es representar su tragedia personal, su grave enfermedad, descarnadamente retratada, como un aparte propio de la aparición de estos dos personajes en su vida, proyectando los espacios más íntimos de ellos, bajo una clara solicitud al espectador, para que viva a través de sus ojos, la historia que nos está contando, que seamos partícipes del ágape que por poco resulta su última cena, convirtiéndonos en discípulos, amigos y cómplices de Andrés, Carlos y de él mismo.

“Todo comenzó por el fin”, resulta un documento necesario, aunque abrumador, de los orígenes del cine moderno en Colombia, de las bases sobre las cuales se cuentan las historias de los nuevos realizadores colombianos, quienes en cada una de sus obras, se ven influenciados por el genio de estos tres próceres del séptimo arte de nuestro país, recurriendo a un recorrido de imágenes, aparte de películas, de documentales, entrevistas, cartas, libros, e incluso, de la documentación de una reunión de amigos, sus impresiones, propias y ajenas, de lo que ha sido su vida, lo que casi fue su muerte y el hecho de ser parte de un colectivo que año tras año se revitaliza, con la publicación de material inédito, con homenajes como el que se llevó a cabo este año en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, o con trabajos como éste, que lo siguen manteniendo vigente y que todo indica, tiene mucho más para dar.


Son tres horas y media, no aptas para todo el público, pues si bien se puede identificar con alguno de los elementos que la componen (la música, las películas, la época), su narración es bastante intimista, y en ocasiones resulta engorrosa, la aparición de personajes sin importancia real en la historia, tratando de juntar tantas cosas en un mismo trabajo, que hay momentos donde el proceso de contar la historia pareciese estancado, dejando al espectador la tarea de sacar su propia conclusión, al brindar todos los elementos, incluso algunos que parecieran sobrantes, para el ejercicio intelectual de quienes se tomaron el trabajo de asistir a una de las tres funciones en las que fue programada en algunas salas seleccionadas de Cine Colombia.

Finalmente, solo me queda decir que Andrés (Hurtado), después de tomarse un buen tiempo por hacer de mí una criatura viviente en el mundo de los proyectores y las cintas, se llevó una gran decepción al enterarse que éste que les escribe, no sería cineasta, tal como lo manifestara una y otra vez en diversos cine foros dictados, en talleres realizados, en discusiones sostenidas en el patio de recreo, sino que se dejaría llevar por el mundo de las leyes y los códigos, a lo cual, el día que descubrió tal decisión, no halló otra forma de comunicarlo, que con un sonoro ¡hijueputa!

Pero bueno,  aquí estoy, y Andrés (Caicedo) y Andrés (Hurtado), aún siguen tan vigentes en mi vida en este pequeño espacio que creé, no solo para mitigar un poco la desazón de mi profesor de literatura y de varios conocidos y familiares, sino para mantenerme vivo, para no sentirme decepcionado conmigo mismo, y que cuando llegue el momento de hacer mi propia retrospectiva, no me sienta tan mal por haber cometido la osadía de vivir más de 25 años y tener que vestir día tras día, el traje gris del adulto en el que me convertí.



Calificación: 8.5/10

viernes, 26 de febrero de 2016

LA CHICA DANESA

La chica danesa (The danish girl).  2015.  Director: Tom Hooper.  Reparto: Eddie Redmayne (Einar Wegener/Lili Elbe) y Alicia Vikander (Gerda Wegener).


Durante el último año, el séptimo arte se ha centrado en contra historias que hasta ahora habían sido poco explotadas, y no estamos hablando de historias donde el homosexualismo sea protagonista, sino aquellas donde el amor entre mujeres sea el eje central de las tramas.  Sin embargo, al ver la lista de películas nominadas a los premios Oscar 2016, hay dos títulos que resaltan por retratar historias cuyo desarrollo se surte dentro de los idílicos encuentros de sus protagonistas en un caso, y el nacimiento, complicidad y amor incondicional en el otro, ambas teniendo como escenario épocas donde las muestras de afecto entre individuos del mismo sexo, era visto como un crimen o como una enfermedad, situación que a la fecha, no ha tenido mayor evolución.

El amor entre hombres ha venido teniendo un desarrollo bastante documentado en las producciones cinematográficas de las últimas décadas, mostrando historias ficticias o biográficas, que enaltecen la lucha por la igualdad de una parte de la sociedad históricamente oprimida y apartada, perseguida con furia por parte de todos aquellos que basan su cacería en su supuesta normalidad, asumiendo la posición de dioses que pueden a su propio interés, otorgar o no derechos, que más allá de un plano legal, son situaciones de la misma naturalidad de los sujetos, que en la gran mayoría de los casos, por evitar el escarnio público, terminan convirtiendo la dirección de su corazón, en el único camino para su propia extinción.

Guardando una especial sutileza en la narrativa de las historias, evocando con un máximo de realidad, las épocas en que se desarrollan sus historias, "Carol" y "La chica danesa", se convierten en películas con un gran interés, no solo por parte de aquellos que aman el buen cine, sino también por aquellos que ven en el cine, la documentación de luchas y causas, que en el tiempo se convierten en la chispa necesaria para alcanzar grandes logros sociales, o para aprender de los errores de aquellos que se convirtieron en mártires al intentar en vano la búsqueda de algo de justicia.

En esta ocasión, daré mis impresiones de "La chica danesa", película protagonizada por el ganador del Oscar como mejor actor en la edición pasada de los Premios de la Academia, gracias a su personificación del científico y multiconocido Stephen Hawking, y que este año se convierte en el más serio oponente de Leonardo DiCaprio en la búsqueda por la tan esquiva estatuilla para este último; además, con el rol co-protagónico de Alicia Vikander, quien últimamente ha dado mucho que hablar por sus interpretaciones, tanto en esta cinta como en Ex-Machina, un drama de ciencia ficción que recorre aquél escenario cada vez más real de los límites entre la tecnología y la humanidad, llegando a un punto donde el choque es irreversible y sus resultados terminan siendo fatídicos.


En la década de los años 20 del siglo pasado, en la ciudad de Copenhague, la pareja de pintores compuesta por Einar y Gerda Wegener, se sostenía gracias a la fama de Einar, quien con sus dibujos paisajísticos, era el furor en el medio del arte danés y parte del europeo de la época, mientras que Gerda, luchaba día a día por encontrar a su musa.  Ella, restratista, infructuosamente presentaba su obra, sin llamar ni un poco la atención de los especialistas y representantes, dejándola en una crisis productiva que solo era alivianada gracias al amor que manifestaba junto con su esposo, quienes además de su unión conyugal, los acompañaba una hermosa complicidad, amistad y colegaje, donde la vida bohemia y las amistades, dejaban fluir toda su creatividad y ocurrencias.

Por una circunstancia especial, Gerda le pide a su esposo que por favor se ponga unas medias de seda, junto con unas zapatillas, con el fin de terminar un retrato de la que fuese una de sus grandes amigas, quien se dedicaba al ballet y que ese día no podía asistir a la sesión de modelaje, pero que la terminación de la obra era apremiante.  Acompañando esta indumentaria, posteriormente le pide a Einar usar el vestido de la modelo, hecho que pese a su irrelevancia, resultaría en el detonante del surgimiento de Lili, la mujer interna del protagonista, quien debido al rechazo de la comunidad y a los tabúes de la época, decidió esconder durante todo ese tiempo, pero que por obra y gracia de su esposa, renacería de las cenizas para nunca más desaparecer.

Poco a poco, Einar empieza a desaparecer para dar lugar a Lili en todo su esplendor, primero como un inocente juego, pero después como su propia vida, lo cual conllevaría una seria crisis en la relación de esta pareja, pero que a la larga, daría a Gerda la musa que tanto estaba buscando, dándole finalmente el reconocimiento por el que había luchado, enfrentando la felicidad del triunfo en lo artístico, pero la desesperación por ver que el amor de su vida se va en manos de otra mujer, siendo ella testigo de primera mano del proceso irreversible de la conversión de Einar, de hombre a mujer.

Aceptando su derrota, y anteponiendo sus sentimientos por Einar, por encima de sus propios intereses, Gerda surge como la cómplice perfecta para que el finalmente logre su cometido de convertirse en mujer, primero, admitiendo su nueva personalidad, junto con sus nuevos sueños y sus nuevos deseos, y posteriormente, ayudándolo en el proceso de adaptación dentro de una sociedad que una y otra vez lo señala como una persona enferma, objeto de un sinnúmero de tratamientos cuyo único resultado es la aniquilación de su propia humanidad.

Por último, la película nos muestra el proceso físico de transformación, donde un científico finalmente le presenta la opción de que, a través de métodos quirúrgicos pueda cambiar su sexo, indicándole claramente los riesgos que esta intervención conlleva, pero que serían el medio para hacer el sueño de Lili realidad, en convertirse en toda una mujer, sin importar los sufrimientos que esto conlleve, siempre acompañada de la que entonces será su mejor amiga, Gerda.   


Tom Hooper irrumpió en el año 2009 en el celuloide gracias a una de aquellas películas obligatorias para los amantes del fútbol "The Damned United", la cual, al igual que dos de sus más reconocidas obras, son basadas en personajes de la realidad, descritos en diferentes obras, tal como Jorge VI en "El discurso del Rey", y ahora Einar Wegener y Lili Elbe en "La chica danesa", siendo trabajos en los cuales describe la humanidad más allá del reconocimiento de los personajes que retrata, con su especial estilo de contar historias que del amarillismo que pueden detonar, quedan plasmadas en una narrativa suave, conmovedora, acompañada de bandas sonoras delicadas, pero siempre teniendo como firma, planos perfectos que en cada fotografía, constituyen obras maestras por sí mismas.

En esta nueva cinta, que compite en la noche de los Oscar en 4 categorías, incluyendo mejor actor y mejor actriz de reparto, Hooper combina con gran certeza el hecho de retratar a dos pintores, haciendo de cada plano una obra, dibujando con su cámara los paisajes más hermosos de la ciudad danesa, así como espacios interiores que revierten un máximo de belleza y nostalgia, acoplándose con los sentimientos de los protagonistas en cada secuencia, aunque ne algún momento, dicho recurso resulte exagerado, restando en ocasiones importancia al impacto de los hechos representados por los actores.

La pareja conformada por Lili y Gerda, constituye el gran elemento a resaltar dentro de esta cinta, haciendo de su unión, parte de la transformación de Einar, quien a medida que va apoderándose de la mujer que siempre ha habitado en él, transforma su relación de amor y pasión en una relación de amistad y fraternidad, siempre abordando con bastante emotividad, cada uno de los pasos de la metamorfosis de hombre a mujer, desencadenando una serie de inquietudes en los espectadores, que gracias al trabajo del director, logran ponerse en los zapatos de los protagonistas y preguntarse si ellos tendrían esa misma actitud en un caso similar. 


"La chica danesa", pese a traer una historia sumamente reflexiva y de vital interés para los debates que se desarrollan en la actualidad en cuanto a la igualdad y al reconocimiento de los derechos de la población LGBTI, llega bastante rápido a su clímax, haciendo de su epílogo algo casi descartable, por cuanto la belleza del proceso de transformación, se queda en el contexto del trabajo desarrollado por Einar en su proceso de lucir como una mujer, sentirse como una mujer y finalmente, ser una mujer, siendo de gran factura actoral, aquellas escenas donde Eddie Redmayne, interpreta los ademanes de las mujeres que lo rodean, en especial los de una prostituta, de quien aprenderá aquellos rasgos de seducción y sensualidad, propios de su naciente feminidad.

La abnegación de Gerda, buscando amor aún en Lili, aceptando el hecho de la extinción de su esposo, guardan un gran reconocimiento para Alicia Vikander, quien nunca luce sobreactuada pese a las circunstancias en que se desarrolla la historia, y por el contrario, lleva consigo un constante sufrimiento y una inmensa culpa, al sentir que ella desembocó ese cambio, además de aferrarse no al hombre o la mujer que tiene a su lado, sino al ser humano que ama profundamente, enseñando así una enorme lección al espectador, al demostrar que el amor es solo uno , independiente de por quién se sienta.

Es una lástima que el final de esta película no esté en consonancia con su desarrollo, quedando corto y apresurado, concluyendo abruptamente la historia, hecho que en determinados casos, desecharía la oportunidad de ocupar un lugar especial en la memoria del espectador, aunque es necesario dejar en claro que es una película interesante, con unas actuaciones sobresalientes, pero con un débil desarrollo, lo que probablemente le haya restado puntos a Redmayne en su búsqueda por su segundo Oscar consecutivo, el cual, gracias a la repercusión mediática que ha tenido, pareciese con nombre propio a favor de Leonardo DiCaprio, a quien la crítica le reconoce el esfuerzo máximo en su personificación en "El renacido", pero que para muchos, actoralmente, no constituye su mejor participación, solo es la más exigente.


"...It was like kissing myself."

Calificación: 7/10

Recuerden que este domingo se celebra la entrega de los Premios Oscar, donde por primera vez estará en competencia una cinta colombiana, a la cual le estaremos mandando toda nuestra buena energía para que pueda dar la sorpresa y traer a casa la codiciada estatuilla.

Para todos aquellos que quieran seguirlos conmigo, los invito a conectarse en twitter con @albaretor para dar todas las impresiones de la gran velada y ver qué tan acertados fueron nuestros pronósticos.

Les recuerdo que si tienen algún comentario o sugerencia, envíenlos a sala7blogdecine@gmail.com, para poder compartir más de cerca y próximamente darles muchas sorpresas.