lunes, 22 de diciembre de 2014

PRIMICIA MORTAL



Primicia Mortal (Nightcrawler).  2014.  Director: Dan Gilroy.  Reparto: Jake Gyllenhall (Lou Bloom); Rene Russo (Nina Romina) y Bill Paxton (Joe Loder).


Se muy bien que este experimento ha estado un poco descuidado de mi parte.  Se que nos estamos encontrando cada año, justo cuando la temporada magna de este arte que tanto amamos hace su llegada, llenándonos de gratas y a veces amargas sorpresas, pero sin lugar a dudas, acrecentando de forma inusitada nuestras expectativas, por ver aquella película que vimos y que tanto nos gustó, llegar a lo más alto de la cúspide cinematográfica, muy a pesar de que muchas veces, las favoritas en nuestro corazón, no lo sean para nuestras mentes cinéfilas, aunque como siempre lo he mantenido, el amor es uno sólo, y siendo por el cine o por la vida en general, no tiene distinción de géneros.

Pronto vendré con mi acostumbrado análisis de las películas nominadas (ya están listas las de los globos de oro y las del círculo de críticos), pero por ahora, quiero contarles sobre una película que como las buenas sorpresas, llegó a mis ojos sin esperarla.  Se trata de Primicia Mortal, la última película en cartelera, protagonizada por Jake Gyllenhall (Brokeback Mountain) y Rene Russo (Arma Mortal), quienes de la mano del novato en materia de dirección Dan Gilroy, nos traen una historia que en medio de su drama, resulta con un humor bastante particular, sínica, altanera, dolorosa, de aquellas cintas que clasificarían en un humor negro, donde el dolor humano y los más bajos sentimientos, se entrelazan con nuestra respuesta por el absurdo, que termina desembocándose en una indescriptible sonrisa.
 

 

Lou Bloom (Gyllenhall), un don nadie que se rebusca en medio de las turbulentas calles de Los Ángeles, una vida que muchas veces ve refundida entre el fin y los medios, se topa accidentalmente con la que de la noche a la mañana se convierte en su pasión.  Teniendo como coprotagonista a la noche a lo largo de la cinta, encuentra un accidente bastante fuerte en una autopista, el cual es atendido por la policía quienes tratan por todos los medios de rescatar a la persona herida en el siniestro.  Como si hicieran parte del paisaje, llegan los reporteros freelance, o aquellos personajes que como mercenarios, venden sus imágines ensangrentadas, llenas de morbo, al mejor postor, que en este caso los noticieros que salen al aire con el inicio de cada día.

Con esta nueva pasión, acompañada con los precarios conocimientos en materia de administración adquiridos vía internet,  Lou Bloom, hace sus primeros pinitos en este oficio, de la forma más rudimentaria, pero obteniendo resultados inesperados, de los cuales es cómplice la directora de un matutino (Russo) que se sostiene de un hilo gracias a los bajos índices de sintonía, quien ve en el material del protagonista su tabla de salvación, sin importar el precio que tenga que pagar.

Sin embargo, con el paso del tiempo y la necesidad de material que llene la vista morbosa de los espectadores en la mañana, el emprendimiento de Lou, lo llevará a cruzar todos los límites, acompañado por un personaje aún más miserable que él, quien por necesidad será cómplice de las más entramadas estrategias que usará el protagonista para seguir creciendo ese mini imperio que de la mano de su gigantesca ambición, verá en todo lo que lo rodea un medio para un fin que, en última instancia, es el fiel reflejo de la desencarnada competencia en un mercado cada vez más exigente y más inescrupuloso.

 

Al final, Primicia Mortal me dejó una serie de debates que aún no resuelvo y que me gustaría compartir con todos ustedes.  En primer lugar, surge la pregunta sobre los alcances de la noticia de última hora, de la chiva, como coloquialmente se conoce, donde la libertad de prensa roza y hasta sobre pasa la dignidad y la libertad de los demás seres humanos.  Donde el rating hace de los directores de noticias aquellos seres carroñeros que sólo subsisten de la sangre y los restos de los cadáveres de aquellos, cuyas desgracias terminan siendo comidilla de un mundo cada vez más desmoralizado, haciendo que el ejercicio del periodismo toque su más escondido fondo para satisfacer los gustos de los televidentes.

Un segundo debate que surge, hace relación con los alcances del emprendimiento, pues como se ha visto en los últimos tiempos, algunos individuos lo han tomado más allá de ser una herramienta necesaria para el desarrollo y lo han comprendido como un objeto que permite tomar todo tipo de atajos, desconocer todo tipo de normas y lo más grave, pasar por encima de quien sea para lograr los objetivos propuestos, situación que hace de los principios y la moral, un par de lecciones impartidas en las clases de catequesis en los colegios, que como tantas otras, son simples rellenos para un futuro. 

Pues bien, el simple hecho de mencionar esta situación mental que generó en mí esta cinta, es el abrebocas para indicar que estamos en presencia de una buena película, de aquellas que dejan al espectador con la mirada perdida en el horizonte preguntándose si hay malos o buenos, y más aún, respondiéndose que todos somos malos cuando la situación lo amerita.  Sin embargo, la trama va más allá de este paralelo eterno, valiéndose de aquellas dotes expresivas del protagonista, quien con su “poker face”, hace que el escozor y el hastío generado por sus decisiones y reacciones, sean enteramente digeribles y hasta humorísticas, lo cual, como dije anteriormente, nos hace entender que todos tenemos algo de villanos, eso sí, depende de las circunstancias determinar su justa medida.
 




 
“… Si quieres ganar la lotería, tienes que ganarte el dinero para comprar el tiquete”

Calificación: 8/10

Nota: Jake Gyllenhall ha sido nominado como mejor actor en una película dramática para la próxima entrega de los globos de oro.  Categoría que como unas cuantas otras, estará inusualmente disputada en esta temporada, lo cual pronto iremos comentando.


lunes, 17 de febrero de 2014

PHILOMENA

Philomena.  2013.  Director: Stephen Frears.  Reparto: Judi Dench (Philomena Lee) y Steve Coogan (Martin Sixmith).


Nuevamente, vengo con la reseña de una de las candidatas al galardón mayor en la velada de lo mejor del cine, próxima a realizarse, la cual, entra en esa categoría de películas, que de acuerdo con las nuevas políticas de la Academia, al momento de nominar cintas para el premio a mejor película, extienden sus opciones, al parecer, para darle algún mérito a las obras que por su baja popularidad pero gran calidad, han sido excluidas de algún u otro modo.

Philomena, acaba de ser galardonada con el premio a Mejor Guión Adaptado en los premios BAFTA, los cuales son otorgados por la Academia Británica de Artes Cinematográficas, y que sin lugar a dudas, año tras año son el principal termómetro para lo que ocurrirá en la gran velada de los Oscar, aunque a decir verdad, dudo mucho que esta buena cinta, repita galardón durante la gran noche, todo porque a su lado se encuentran contendientes de gran peso como lo son 12 años de esclavitud y el lobo de Wall Street, siendo la primera la más seria competidora en esta categoría.  Aunque valga aclarar que no se le quita mérito alguno a Philomena, pues como vamos a ver, es una película que vale la pena, sin tanto bombo como sus competidoras, pero es una cinta que pese a todo, vale la pena seguir.

Antes de ir al grano, sea esta la ocasión para revalidar un comentario que hice en mi perfil de Facebook, pero que replico en esta ocasión para todos ustedes, con el fin de que se pueda entender mi reconsideración.  Una vez se empezaron a conocer las cintas que serían tenidas en cuenta durante esta temporada de reconocimiento a lo mejor de la industria cinematográfica, exclamé con emoción que al no ver una película que pudiera considerarse como arrasadora de todas las estatuillas que se iban a otorgar, lo más justo era decir, al igual que la prensa especializada, que este año la carrera iba a ser muy reñida, por la alta calidad de las cintas durante el 2013, sin embargo, lamento decir, aunque de forma muy temprana, que de lo que he podido apreciar, lo reñido por lo alto, vendría siendo más un chisme, un fulgor del momento, que una realidad, porque puedo decir con sinceridad, que ninguna de las 3 cintas en competencia que he visto, ha llenado mis expectativas, o ha quedado guardada en mi memoria en su conjunto, salvo algunas excepciones individuales, pues si algo se puede rescatar, es que 2013, fue un año de grandes interpretaciones.

Unido a lo anterior, quisiera ofrecer excusas por la intermitencia y los largos lapsos entre reseña y reseña, pero prometo tratar de ponerlos al día sobre las cintas nominadas a mejor película, por lo menos, la mayor cantidad, de ahí que agradecería su colaboración realizando comentarios sobre las cintas nominadas, que aún no han sido publicadas en este blog, para que de ese modo, podamos interactuar de forma más dinámica y podamos compartir gustos y opiniones sobre esta pasión, justo en su máxima temporada.


Philomena Lee(Dench), una dulce y hermosa adolescente, al descubrir los placeres de la carne, cae con tan mala suerte de quedar embarazada a muy temprana edad, razón por la cual, su padre y una sociedad que para entonces reprochaba y condenaba arduamente tales comportamientos, terminan confinándola en un convento de clausura en su natal Irlanda, siendo este el punto de partida de un prolongado infierno, donde la esclavitud en nombre de Dios y el escandaloso comportamiento de las “servidoras de Dios”, reducen su función de mamá a una hora diaria y le imponen su labor de servidumbre casi por un día entero, ejerciendo labores altamente extenuantes, donde para las hermanas del convento, sólo el dolor, podría expiar sus pecados.

Philomena da a luz a Anthony, un niño hermoso y rozagante, quien se convierte en su motor para aguantar el martirio que tiene que padecer, aunque la dicha no es plena, porque todas las muchachitas que albergan en el convento, viven la constante zozobra de perder a sus criaturas a causa del negocio que ocultan tras la fachada de servidoras del Altísimo, esta hermanas lucran su fe vendiendo a los hijos de las pobres desposeídas, acto que sumado a sus obligadas labores, sólo puede tener fin por la módica suma de 100 libras, suma que ahonda su impotencia, debido a su inmisericorde pobreza.

Una tarde como cualquiera, la peor pesadilla de Philomena se hace realidad, un carro largo y negro, se posa frente a la puerta principal del convento, lo cual sólo podía significar una cosa: Uno de los niños sería adoptado y por lo tanto, alejado por siempre de su madre.  Pensando aún que la desgracia tocaría sólo a una de sus compañeras, Philomena es alertada porque la familia, no sólo espera llevarse a una niña, sino que Anthony, al convertirse en inseparable compañero de juegos de la niña, es adoptado también, ante lo cual, sólo queda un profundo llanto y una amargura infinita en el alma de esta mujer que por mucho tiempo, decide ocultar su pena, hasta que el dolor, se denota inmenso para seguir soportándolo.


 
El tiempo ya ha pasado, más exactamente, 50 años han transcurrido desde la separación de Anthony, es entonces cuando Philomena decide confesar la verdad a una de sus hijas, quien en vez de juzgarla, recurre a un periodista entrado en desgracia laboral, para que a través de sus conocimientos, pueda ayudar a su madre a encontrar a su hermano perdido, lo malo, es que este reportero, Martin Sixmith (Coogan), es una persona dura, templada por el tiempo y el cubrimiento de guerras, tragedias y especialmente, el devenir en los afanes de la clase política londinense, lo cual finalmente, se convirtiese en su propio infierno, así como el convento lo fuera para Philomena.

Pese a su reticencia, finalmente Martin acepta realizar el trabajo, iniciando su investigación en la misma fuente, el convento, donde pese al té y las galletas, el misterio sigue rondando, siendo ocultado por las monjas, negando cualquier relación, además de manifestar que cualquier registro que existiese, fue quemado en el incendio que por gracia de Dios, quemó todos los registros de los niños, pero salvó el de las madres, donde se les obligaba a firmar un contrato donde cedían todos los derechos de sus hijos y renunciaban a saber de ellos por siempre, hecho que sólo fue el inicio para continuar con una investigación que, por azares de la vida los llevaría a Estados Unidos, país al que fueron a parar la mayoría de los niños vendidos en Irlanda, en razón a que el precio de cada niño, sólo podía ser pagado por acaudaladas familias gringas, cuyo único requisito era que fueran católicos practicantes.

Pese a que el supuesto desenlace de esta misión fuera de un tono trágico, sería el inicio para desenmascarar un hecho que sería una de las mayores vergüenzas para la Iglesia Católica, el cual ha sido retratado en numerosas ocasiones y que gracias a la insistencia de Philomena y de Martin Sixmith, suscitaría el interés de una inmensa comunidad que requiere respuestas, las cuales, tal como se observa en la cinta, muchas veces se ocultan tras el juicio inclemente de quienes se apoderan de la fe, para obligar a millones de personas a actuar incluso contra su propia naturaleza.


Stephen Frears se ha caracterizado por mostrar a los ojos del espectador, aquellos acontecimientos que si bien, en el trasfondo describen inmensas tragedias, recogiendo aspectos donde la humanidad y la barbarie encuentran su punto de inflexión, les otorga un tratamiento sutil pero enérgico, encasillado en la sencillez de sus personajes, quienes al mismo modo que sus historias, guardan una inmensa complejidad, sólo comparable con la fragilidad de sus seres, y la entereza de su carácter, tal como se puede asimilar en otra de sus obras, la reina.

Hay un caso especial en esta película y es el del protagonista, Steve Coogan, quien a pesar de tener un periplo para olvidar en las toldas de Hollywood, haciendo comedias tontas y encasillado en el papel de británico torpe, al igual que varias estrellas de la comedia, decidió ir un paso más allá, no sólo en sus dotes actorales, sino en varios de los aspectos esenciales de un film, como lo son la adaptación del guión y la producción, incursionando en un dramatismo oculto bajo algunas chispas de humor, pero que tras su papel, deja muy buenas impresiones que a futura pueden germinar en muy buenos réditos.

Como caso curioso, se ha comentado que Steve Coogan estuvo a punto de renunciar a su papel de Martin Sixmith, pero no por diferencias con el director o problemas con el presupuesto, sino porque frente a él, se encuentra una de las mejores actrices de todos los tiempos, la inmensa Judi Dench, quien, según palabras de Coogan, lo hacía sentir intimidado por sus grandes dotes actorales, aunque finalmente, la suma de estos dos personajes, deja un buen sabor en el espectador, aunque podría decirse que la presencia de Dench llega a ser apabullante en algunos momentos.

Judi Dench como Philomena, no decepciona, pero tampoco destella, pues es bien sabido el hecho que su presencia es un sello de calidad para cualquier producción, y sus interpretaciones no pueden ser menos que memorables, aunque esta vez, en su rol de dulce, pero cruelmente maltratada anciana, luce algo ficticia, no se ve la misma naturaleza con la que se desenvuelve en otros roles, aunque ésto no es ápice para no aplaudir su representación, a sabiendas que, el papel que llevaba a sus espaldas, no es nada menos que una de las mujeres más influyentes en cuanto al reconocimiento de crímenes ocasionados por la iglesia y la más importante activista en materia de buscar la verdad sobre los niños vendidos en las décadas del 50 a casi el 70 en Irlanda.

Esta película se encuentra nominada a 4 premios Óscar, entre los que se encuentran mejor película, mejor guión adaptado y mejor actriz, de los cuales, podría augurar que puede ser tenida en cuenta en la categoría de mejor guión adaptado, toda vez que, además de ser una historia de la vida real, contada a partir de un libro escrito por Martin Sixmith, no se queda sólo en la mirada lastimera que suele acompañar a este tipo de tramas, sino que se enfoca en demostrar el sentido de la película reflejado en cada uno de los personajes, pues al final, los secretos son un factor predominante en cada uno de ellos y al final, termina siendo su mayor karma, partiendo desde Philomena y Martin, llegando hasta Anthony, quien padecerá en secreto su más anhelada verdad.


"...Y después que hice el amor, pensé que todo lo que se sintiera tan bien debe estar mal."

Calificación: 7/10

Nota:  El tema abordado con sutileza en esta película, puede profundizarse con algo más de crudeza viendo "Las hermanas de la Magdalena" (2002).  Un retrato descarnado de las atrocidades ocasionadas en nombre de Dios y ocultas por la Iglesia Católica.

miércoles, 29 de enero de 2014

EL CLUB DE LOS DESAHUCIADOS

El club de los desahuciados (Dallas buyers club).  2013.  Director: Jean-Marc Vallée.  Reparto: Matthew McConaughey (Ron Woodroof); Jared Leto (Rayon) y Jennifer Garner (Eve Saks).



Continuando con las aspirantes al premio Óscar por mejor película, decidí aprovechar la llegada de una de las películas que en diversos medios ha sido catalogada como una de las mejores del 2013, y que de por sí, guardaba grandes expectativas para verla, debido a que guarda uno de los elementos que más observo al momento de ir a cine: es una gran historia, añadiéndole el hecho que se basa en hechos tomados de una realidad, que por más que se observa, siempre le lleva la delantera hasta a las historias más fantasiosas que cualquier creador de este bello arte, pueda dimensionar.

El turno este fin de semana fue para “El club de los desahuciados”, otra perla de la traducción al castellano de aquellos títulos que al parecer, por cuestiones de marketing, no podrían ser atractivos para los espectadores hispanoparlantes (el título original es Dallas Buyers Club “el club de compradores de Dallas), pero, pese a este acostumbrado gazapo, la historia me había atraído desde meses atrás, y no dudé en correr a las salas de cine desde el momento que me enteré que ya se encontraba en las carteleras locales.

Sea esta la ocasión para hacer paréntesis a la reseña de la película que nos acoge en esta ocasión, pero no puedo pasar por alto un hecho que me dejó gratamente sorprendido antes del inicio de esta cinta, pues muchos recordarán que como antesala a la función principal, por disposición legal se debe emitir un cortometraje nacional, el cual en muchas ocasiones terminaba siendo propaganda barata de algunos personajes, o insoportables secuencias animadas con las que los espectadores éramos torturados.  Esta vez ocurrió algo fuera de lo común, fuimos testigos de un corto titulado “los retratos”, que de inmediato captó mi atención por su autenticidad, calidad, historia y principalmente por su protagonista, una abuelita de una dulzura inexplicable, que bordeaba los 80 años y guardaba en su ser todo el peso de la mujer colombiana, sencilla, pero llena de miles de virtudes, en pocas palabras, un corto que recomiendo ver y que serviría de anestesia para la crudeza de la cinta que nos disponíamos a ver.

Continuando con la película, valga decir que el palmarés que la antecede, da buen recaudo de lo que iríamos a contemplar, pues si de algo estoy seguro es que en muchas ocasiones, las películas cuyos actores terminan destacándose y son reconocidos por los diferentes premios al séptimo arte, terminan siendo grandes películas, que casi siempre, son más recordadas que las mismas películas que fueron galardonadas con las estatuillas a mejor película y Dallas Buyers Club trae consigo a dos actores quienes se han llevado todos los premios otorgados hasta el momento en las categorías de mejor actor principal y mejor actor de reparto, situación que analizaré más adelante.

La historia inicia con un hombre sin el más mínimo recato, vaquero de rodeo, apostador, alcohólico, drogadicto y homófobo empedernido, quien lleva una vida sin rumbo alguno, siendo despreciable para la sociedad y sólo comprendido por sus similares, de quienes no se guarda esperanza alguna.  Este hombre llamado Ron Woodroof (McConaughey), pasa sus días entre prostitutas, alcohol y cocaína, disfrutando a diestra y siniestra del sexo, olvidando por completo los cuidados mínimos que por su estilo de vida debería tener.

Un accidente de trabajo, desata lo que entonces, se convertiría en la peor tormenta que pudiera atravesar.  Aturdido, se despierta en un hospital local, donde descarnadamente recibe la noticia de que es el portador de una de las peores enfermedades del último siglo.  Ron estaba contagiado con el virus del VIH, lo cual había desencadenado el SIDA en su organismo, enfermedad que para la época en que se desarrolla la historia (y muchas veces también en nuestro tiempo), era identificada como una enfermedad exclusiva de la población homosexual, lo cual el protagonista rechaza tajantemente, no sin antes enterarse que por el desconocimiento de la enfermedad, sólo le quedan 30 días más de vida.

Los únicos estudios farmacéuticos adelantados para ese entonces y aprobados por la FDA (Food and Drug Administration), una organización gubernamental que autoriza la venta y distribución de medicamentos y alimentos en el territorio de los Estados Unidos, daban como resultado un componente que supuestamente, reducía el efecto de la enfermedad, pero que por sus compuestos, atacaba directamente todo el organismo del paciente, dejándolo sin defensas y prácticamente acelerando su muerte.


Ron, en su afán por recuperar lo poco que le quedaba de vida, accede de forma fraudulenta a este medicamento, el cual, después de unas semanas, estaba acabando por completo con su salud, pero en su persistencia, obtiene un dato que cambiaría toda su órbita, pues al otro lado de la frontera,  se estaba probando con éxito un coctel de sustancias que combinando químicos con productos orgánicos, estaban presentando buenos resultados en el tratamiento del SIDA, motivo suficiente para explorar esas tierras y comprobar por sí mismo la efectividad de aquellos medicamentos.

Justo antes de volver a su país, brilla en él una idea que lo podría beneficiar mucho económica y físicamente, decide llevar consigo una gran carga de medicamentos y venderlos en su ciudad a todas aquellas personas que sufren de SIDA y que no hallaban cura a su mal.  La idea le resulta muy productiva, no sin antes enfrentar a las autoridades aduaneras gringas, así como a sus prejuicios, los cuales al enfrentarlos por necesidad, lo acercan a quien se convertiría en su principal socio en el negocio.  Llega entonces Rayon (Leto), un entrañable e inolvidable travesti, quien vive de cerca el sufrimiento de muchas personas infectadas con el virus y rechazadas, no sólo por su condición de enfermos, sino por su tendencia sexual, la cual resulta para una sociedad retrograda, más infecciosa que el mismo SIDA.

Con el crecer del negocio, crecen los problemas y empieza una guerra sin cuartel contra la FDA, quienes en una evidente toma de decisiones comerciales, prefiere autorizar un medicamento que resulta veneno para los portadores del virus, pero es muy lucrativo para la empresa farmacéutica que lo distribuye, motivo que hace de Ron el principal enemigo de un Estado que se observa contrario al bien de personas discriminadas y desahuciadas.

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Como ven, la historia es sumamente atractiva, de hecho, en este momento siento que me quedan muchas más cosas por contar en la sinopsis, pero prefiero que ustedes mismo sean testigos de esta increíble película. Por ahora, es necesario afirmar la preferencia que han tenido los diferentes premios del séptimo arte por los dos personajes de esta película, porque finalmente, después de ser encasillado como un actor de comedias románticas o de películas que sólo lo usaban como galán, Matthew McConaughey decidió arriesgar en su carrera actoral, se deshizo de sus músculos y su bronceado y decidió encarnar con el alma un personaje que lo vuelve irreconocible y que atrae la atención no por su apariencia, sino por la interpretación magistral que hace de un personaje de la vida real, que en más de una ocasión, llega hasta el punto más neurálgico del espectador, haciéndolo pasar del desprecio a la más grande admiración, por su espíritu combativo y por querer entrar de una vez por todas en la meca de los grandes actores.

Un punto aparte merece la actuación de Jared Leto, sencillamente deslumbrante.  Todo un camaleón que se transforma por completo y que enamora hasta al más conservador homófobo de los espectadores.  Su rol se constituye como el eje principal de la trama que lleva la historia en sí, porque en él se refleja el dolor, la segregación y la más increíble lucha por salir de un infierno que él y la sociedad han labrado.  Esto hace de Jared Leto un firme competidor, sino ganador anticipado de todos los elogios y estatuillas que le puedan conceder, no sólo porque le da un estatus especial a la condición que refleja en la pantalla, sino porque se torna inolvidable en las mentes de todos los que amamos el cine.

Un punto interesante de esta película, y que es el gran acierto que ha tenido Jean-Marc Vallée en su carrera, es el de desatar polémica a través del duelo moral que enfrentan sus historias, duelo que se desarrolla intensamente a lo largo de la cinta, que llega a incomodar al espectador en una forma intelectual, recorriendo los límites del bien y del mal, tratando de justificar lo injustificable, pero con razones totalmente valederas y de altísimo contenido ético, en el hecho de convertir en negocio la única probabilidad de vida que pueden tener los portadores del virus, pero sabiendo los esfuerzos que hace el protagonista, en primer lugar por salvar su vida y en segundo lugar por darles una opción a otros enfermos, por una módica suma de dinero.

Así, entre dilemas éticos, entre repulsión y amor, se desarrolla esta cinta nominada a 6 premios Oscar, de los cuales vaticino se llevará dos (Mejor actor y mejor actor de reparto), salvo que algo extraordinario ocurra.  Una historia muy bien contada, que muestra la famosa lucha de David contra Goliat, pero que en esta ocasión, Goliat arrasa con un antihéroe, al cual muchos deseamos ver vencedor, pero que sólo se hace ganador en pequeñas batallas, situación que, si bien no afecta la calidad de la película, no termina de dejar incomodidad en quienes generalmente, buscan ver a un protagonista victorioso, aunque su mayor victoria fue contra los 30 días de vida que inicialmente le habían dado después del diagnóstico.



Welcome to the Dallas Buyers Club!

Calificación: 8/10

Nota: Si bien es una buena cinta, recomiendo para quienes quieran explorar algo más del director Jean-Marc Vallée, vean C.R.A.Z.Y, toda una obra maestra y para mí, una de las mejores películas que he visto en mi vida.

lunes, 20 de enero de 2014

ESCÁNDALO AMERICANO

Escándalo americano (American Hustle).  2013.  Director: David O. Russell.  Reparto: Cristian Bale (Irving Rosenfeld); Bradley Cooper (Richie DiMaso); Amy Adams (Sydney Prosser) y Jennifer Lawrence (Rosalyn Rosenfeld).


Llega nuevamente la época más esperada por todos los amantes del cine, la época en que se reconocen los logros alcanzados por todos aquellos sujetos que con su trabajo, imprimen en la pantalla grande todos nuestros sueños, deseos y fantasías, sacándonos de la rutina, plasmando un mundo en el que todos, en algún momento, hemos querido vivir.

La carrera por los premios Óscar ya arrancó.  La primera gran velada se dio con la entrega de los Globos de Oro, donde se pudo observar que este año, la lucha va a estar muy pareja y no hay un contendiente aventajado, porque, si bien tenemos películas con varias nominaciones, no indica que en la velada del 2 de marzo, vayan a arrasar con todas las estatuillas doradas, aunque afortunadamente, este año ha ocurrido un fenómeno que recibimos con beneplácito, pues al contrario de otros años, el empate no se debe a falta de técnica, sino todo lo contrario, las películas en competencia, son de una altísima calidad, lo cual es un deleite para nuestro paladar, y por lo tanto, nos tendrá por un muy buen rato alojados en las salas de los sueños.

Para esta ocasión, arranco con una de las películas más nominadas, que para este año, acumula diez nominaciones a los premios de la Academia, apuntando a los más grandes, entre los que se encuentran mejor actor principal (Christian Bale), mejor actriz principal (Amy Admas), mejor actor de reparto (Bradley Cooper), mejor actriz de reparto (Jeniffer Lawrence), mejor director (David O. Russell) y mejor película, entre otros.

Con tal palmarés, podría predecirse que estamos en presencia de toda una joya del Séptimo Arte, sin embargo, esta joya no alcanza los kilates de una verdadera obra maestra, tal como lo veremos más adelante.


La historia se centra en Irving Rosenfeld, interpretado magistralmente por Christian Bale, de quien se menciona que subió cerca de 20 kilos para interpretar este rol, demostrando una vez más su compromiso por la excelencia en materia actoral, tal como lo ha hecho durante los últimos años.  Irving, un estafador de poca monta, producto de una sociedad descompuesta, por azares de la vida, cruza su camino con Sydney Posser (Adams), una bella y estilizada mujer, que al igual que Irving, vive de inventar apariencias que oculten su fealdad física y espiritual, tal como se puede observar al incio de la cinta, donde con un minuicioso arreglo, Irving nos demuestra que su vida es sólo un biombo donde esconde su pobre realidad.
Esta pareja, que en un inicio ajustan como anillo al dedo, inician una carrera en el bajo mundo de la estafa, mediante promesas irrisorias de cuentas en Europa que entregan altísimos intereses, así como mediante la venta de obras de arte falsificadas, actos con los cuales, van escalando posiciones, acumulando un pequeño caudal que les permite darse una vida de lujos y extravagancia, elemento éste que resalta durante las cerca de dos horas y media que dura la película, lo cual los aleja por un tiempo de sus oscuras realidades y los pone en la órbita de las agencias de seguridad gringas.

Debido a la fama adquirida, en medio de una de sus fraudulentas transacciones, se topan con el agente encubierto Richie DiMaso (Cooper), quien en medio de su avaricia y afán por adquirir reconocimiento, monta un entramado policial que busca atrapar a un sinnúmero de delincuentes de cuello blanco, usando como carnada a Irving y a Sydney, quienes debido a sus conocimientos en el bajo mundo, serán el medio por el cual el agente DiMaso, pueda lograr su cometido, aún por encima de las órdenes de sus superiores, y aún por encima de su oscura realidad, en la cual no es más que un ser repulsivo y mentiroso, escondido tras su pelo artificialmente rizado.


No teniendo más alternativa, Irving y Sydney, se someten al mandato de DiMaso, teniendo constantemente sobre ellos la incertidumbre de ser encarcelados si no cooperan con los planes de este iracundo, pretencioso y neurótico agente, quien en medio de su dañina personalidad, pone en marcha su tarea de encarcelar, en primer lugar a una d elas figuras más prominentes del Estado de New Jersey, el Alcalde Carmine Polito, quien a costa de lo que sea, busca devolver sus años de luz y gloria a una ciudad llevada por el abandono y el desempleo de sus lugareños, quienes ven en él y en su idea de regenerar la industria de las apuestas y los casinos en Atlantic City.

En medio de todo este plan, surge una mujer, quien dicho sea, me parece ya conocida en las cintas de David O. Russell.  Su nombre Rosalyn Rosenfeld (Lawrence), hermosa, neurótica, una arpía sin consciencia ni prudencia, que no sabe medir sus encantos y es un constante dolor de cabeza para Irving, pues hace parte de esa realidad que busca ocultar, una realidad donde una esposa compulsiva, descuidada y violenta, vive bajo su auspicio, sólo por el hecho de ser la progenitora del mayor amor de Irving, su hijo, quien a pesar de no tener parentesco biológico con el personaje, es merecedor de todo su cariño y amor.

Ya con todos los ingredientes, inicia la estafa maestra, la misma que Di Maso, sin escrúpulos ni autorización, torpemente lleva a cabo, siendo su única carta de salvación, la experticia de Irving, quien con maestría y el tacto propio de un empresario del crimen, teje con sumo cuidado cada uno de los elementos para llevar tras las rejas a varios políticos corruptos, teniendo no sólo resultados opuestos, sino llevando a la pareja de Sydney e Irving, a una montaña rusa de emociones, donde tanto personajes como malestares se mezclan para hacer de la trama de esta cinta, un producto complejo, exagerado y lastimosamente, en ocasiones, sin rumbo.


Escándalo americano, vuelve a poner sobre la mesa el importante aporte que en los últimos años ha realizado David O. Russell al celuloide, el cual basa en su importancia en construir elencos que una vez se ponen en marcha, funcionan al igual que un reloj suizo, teniendo siempre el máximo cuidado al elaborar sus personajes, donde siempre salen a relucir sus dotes humanas, más allá de los excesos o la complejidad de sus personalidades, tal como se ha observado en cintas anteriores como el peleador y los juegos del destino, las cuales han convertido a sus personajes en seres icónicos al momento de hablar de Hollywood.

Aunque en esta ocasión, su famosa fórmula no parece dar resultado del todo, no sólo porque si bien, el medio en que se desarrolla la cinta necesita un toque de lujos y extravagancia, llega un punto en que se denota exagerada y abultada, bajo una sinfonía de peluquines y maquillaje, que oculta tras de sí el entramado de esta historia, que si bien intenta ser una comedia negra, con humor fino y bien tratado, pierde en ocasiones al espectador al entrelazar historias, que llegan siempre a un punto de quiebre, justo antes de constituirse en escenas magistrales o de amplia recordación, lo cual hace de esta estafa maestra, un acto no tan diseñado, con pocas ideas y que al final, deja un cierto sinsabor porque, integra personajes que, aunque en un inicio se vean necesarios para la historia, terminan pasando inadvertidos y dando la sensación que sobran en la trama.

Curiosamente, uno de sus puntos a favor, también se convierte en uno de sus puntos en contra, todo porque dentro de este elenco de lujo, surge una estrella preponderante, un personaje que más que el eje de la historia, se convierte en lo más ilustrativo de este guión, haciendo que los demás protagonista, al igual que sus personajes, terminen escondidos tras esta fulgurante interpretación, todo porque vemos en esta película a un Christian Bale genial, denotando unos dotes actorales que lo ponen varios peldaños por encima del resto del elenco, aplicando a su personaje más que una peluca, una seriedad interpretativa que lleva al espectador a ver un personaje distinto en cada una de sus películas, haciéndolos no sólo creíbles sino únicos, porque este Christian Bale de Escándalo Americano, no es el mismo que vimos en The Fighter, ni es el mismo que vimos en las tres entregas de Batman, bajo la batuta de Christopher Nolan, este Christian Bale, se rediseña en cada cinta, nace para la misma y tal parece que muere con la misma, porque tal como lo he dicho, su autenticidad es única y opaca a sus compañeros, especialmente a Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, quienes, digamos la verdad, interpretan el mismo rol que hicieron hace un año en Los juegos del destino, con las mismas características, la misma neurosis y los mismos tintes, lo cual hace pensar que quedaron encasillados en una fórmula, que puede que de frutos en sus primeros años, pero que de seguro, en una próxima entrega, se sentirán tediosos y gastados.    

En medio de todo, Escándalo americano, resulta siendo una película entretenida, aunque sobre valorada, funciona como fórmula ante la Academia, la cual le reconocerá algunos méritos, pero se pierde a la hora de convertirse en una obra maestra.  Pese a lo anterior, recomiendo ver Escándalo americano para ver a Christian Bale, quien con el paso de los años, nos hace testigos de su crecimiento actoral, de su posicionamiento como uno de los actores imprescindibles al momento de montar buenas historias, dando todo de sí a su personaje, al punto de ganar 20 kilos para un rol, o perder 30 para interpretar a otro personaje, lo que deleita infinitamente a un público ávido de estrellas que ubicar en lo más alto de su firmamento.


"No eres nada para mí hasta que lo seas todo"
Calificación: 7/10
Nota: Para observar la calidad actoral de Christian Bale, sugiero complementar esta película con The fighter, dirigida por el mismo David O.Russell y con The machinist, dirigida por Brad Anderson.  
 


martes, 23 de julio de 2013

DE POR QUÉ AMO EL CINE...

Pese a que hace mucho estoy fuera de este pequeño planeta que he creado para mí y todos aquellos que amen tanto este arte como yo, quiero cambiar un poco la temática de este Blog e imprimirle un toque más íntimo, más cercano a lo que soy y a lo que quiero ser, aunque pueda sonar retórico toda vez que ya he cumplido la mitad de mis propósitos en la vida, pero puedo asegurar que me falta cumplir aquellos propósitos que están ferreamente ligados con algo sumamente importante, están ligados con mis sueños.

Se preguntarán la razón de esta introducción melodramática y medio cliché, pues la verdad es que, como todo en la vida, este momento que estoy atravesando se ha convertido en una real epifanía para mí.  Mi hijo, Juan Martín, está a pocos días de ser parte de este mundillo raro y enigmático del amor por el séptimo arte.  Es cierto que no puedo imponerle rótulos a su corazón, pero sí quiero que el vea este gran tatuaje que el cine ha hecho en el mío y que el decida si quiere ser parte de él.

Hablo de epifanía en esta ocasión porque he tenido una manifestación recurrente sobre el cómo voy a internar en este amor a mi hijo, pues de inmediato se vienen a mí los recuerdos, donde de forma especial está enmarcado el primer acercamiento que tuve con una sala oscura, abarrotada, algo ruidosa, pero que con el resplandor de esa pantalla enorme que tenía ante mí, me dejó atónito y ensimismado.  Un amor a primera vista, una amante que me recibe incondicional y que cada vez que estoy ante su presencia, siempre tiene nuevos motivos para sorprenderme.

Dumbo, una película animada de 1941, fue mi primera vez y como tal, la más recordada y amada de todas.  Esa bella historia de un elefantito caído en desgracia, abandonado al nacer a causa de los prejuicios de una sociedad hipócrita, apartado del mundo a causa de su mal vista invalidez, que si bien nos demostró que no era una incapacidad sino una diferencia, que no lo hacía extraño sino especial, espectacular, magnífico.  Esa fue mi primera vez.  Acompañado por mis padres, quienes durante toda mi vida han sido cómplices de este amor, así como mi esposa, quien acepta y comparte esta amante que de forma conciliadora, hace parte integral de nuestra familia.



Algunos puristas dirán que mi bienvenida al séptimo arte pudo ser mejor, pues se que muchos consideran a Dumbo como una película simple, comparada con otros grandes clásicos de Disney, adornados por princesas impotentes y príncipes descerebrados.  Quizás por suerte o por culpa del destino, este tierno elefantito fue mi primer compañero en la sala de proyección, robándose varias de mis limitadas sonrisas y por supuesto, impregnándose por completo en mi memoria cinematográfica, la cual de hecho, sin temor a resultar vanidoso, es bastante amplia y numerosa.

Desde ese momento para acá, la vida que ha pasdado por mis ojos, puede guardarse en miles de carretes de 35 milimetros, un script donde cada momento es una escena memorable, acompañada por una banda sonora, de la cual espero hablar en una próxima ocasión, pues como en las películas, una escena en silencio, si no está acompañada de la intensidad de nuestros actos, o mejor aún, de la fortaleza de mil notas musicales, pasará desapercibida y no será parte de nuestra historia.

Con el paso de los años y aún en mi tierna infancia, quise llenar mi vida de aventuras, ser un expedicionario arriesgado, un cazador de tesoros cuya mayor satisfacción era beneficiar a la ciencia y a la humanidad.  Fue así que entró en mi vida Indiana Jones, un profesor de arqueología, quien me deslumbro en sus tres entregas ochenteras (En busca del arca perdida, el templo de la perdición y la última cruzada), siendo mi favorita la última de esta entrega, donde se abordó la adolescencia de Indy, recordándome mis épocas de boy scout, que de hecho me integré a este grupo gracias a él, además de presentarnos a su progenitor, de quien heredó ese espíritu aventurero que todos los niños de la época queríamos emular.


Tiempo después, cuando ya empezaba a rozar mi adolescencia, llegó a mí una aventura espectacular, otra trilogía (cuando hablé de Indiana Jones, sólo hablo de trilogía, porque la cuarta entrega para mí, quedó borrada, aniquilada, no existe), donde un muchacho perezoso y terco, fiel imagen de la juventud de ese entonces, se convertía en ayudante de un científico cuya curiosidad, rayaba en la locura, una locura que nos trajo uno de los inventos más recordados del cine, apoyado en un carro popular de la época: el Delorean.

Fueron tres entregas donde "Volver al Futuro", nos llevó a tres etapas de la historia, todas ligadas con Marty McFly y el profesor Emmet Brown, un mismo bravucón y el ímpetu desmedido ocasionado por una afrenta que nos convertía en héroes o villanos: gallina.  Palabra que para Marty era el detonante que si bien lo hacía sentir héroe, terminaba demostrando que la valentía no es ser más fuerte o más arriesgado, sino más inteligente para que nuestros actos, más que llevados por la emoción, fueran llevados por la razón que finalmente era vencedora y rescataba a Marty de un destino marcado con una P mayúscula de Perdedor.


Por hoy dejo estas anécdotas hasta aquí, que si bien están por fuera de lo que normalmente hago en este Blog, son palabras que vienen en este momento justo donde un nuevo cinéfilo viene en camino y es mi obligación, internarlo en la sala oscura de pantalla gigante y sueños reflejados, para que nunca, nunca deje de soñar y de hacer de su vida una eterna fantasía.  Esta historia continuará.

Una frase para despedirme: "Hijo mío, somos peregrinos en una tierra de infieles."

¿Pueden adivinar quién la dijo?